Trader

The final cut

PULSO 21/04/2017

Por Gonzalo Restini.

“What have we done, Maggie what have we done? What have we done to England”. Pink Floyd, circa 1983.

Cuántos de los que rodean a la Presidenta se harán esa pregunta tremenda, cambiando Maggie por Michelle y Inglaterra por Chile, al pasear por los pasillos cabizbajos, pensativos, agotados, frustrados. Hojean los diarios, se toman las cabezas, se lavan la cara frente al espejo y se dan cuenta que, como en esas profecías que paran los pelos, todo se ha cumplido. Estaba escrito.

El anuncio del FMI que Chile crecería la mitad que el promedio mundial es de no creerse. El promedio de los países emergentes crecerá tres veces lo que lo haremos nosotros. Esto hubiese sido material para guión de película de desastres hace poco tiempo atrás.

Para que se den una idea de la magnitud de esta debacle, el crecimiento promedio de Chile en los últimos 30 años (1986-2016) fue de 4,98% (*). En ese mismo periodo, el mundo como un todo creció en promedio 2,94% por año. Chile le sacó al mundo más de 2% por año de ventaja.

No es tanto, pensarán algunos. Pero vamos por parte. Seguramente usted ha escuchado de “la magia del interés compuesto”. Bueno, en 30 años esa magia pega duro. Desde 1986 a la fecha, el PGB mundial se multiplicó por 2,45. Entraron a escena China, India y toda esa historia que usted sabe de memoria.

En ese mismo periodo, la economía de nuestra larga y angosta faja de tierra, en la estación terminal del fin del mundo, no se multiplicó por 2,5. No señor. Tampoco por 3 ni por 4. Afírmese bien: Chile hoy es 4,6 veces más grande de lo que era el ‘86. Partiendo de los potreros, arrasamos con todos los ránking, pasamos por arriba a decenas de países y terminamos entrando a la OCDE.

A mayor abundamiento, durante todo el periodo, hasta el 2013, en todos y cada uno de los años, a excepción del 99, Chile creció más que el mundo. Le sacó un increíble máximo de 10,3% el año 1992 al resto del orbe.

Por el contrario, desde 2014 en adelante, en todos y cada uno de los años, Chile siempre creció menos que el mundo. Lo peor de todo, las diferencias negativas se acrecientan cada vez más. 2017 sería la peor diferencia en 32 años. Y eso que el cobre está recuperado y las tasas están cerca de mínimos históricos. Cada 1% perdido significa un tercio de la economía menos en 30 años.

“Ya no tenemos excusas Michelle. Los agoreros tenían razón y Arenas estaba equivocado. Algo se ha quebrado. Lo hemos quebrado. Lo hemos roto y no sabemos cómo arreglarlo”, deben pensar, mientras levantan las cejas en algún ascensor y bajan la vista.

Deng Xiaoping fue el sabio más grande de la historia de China cuando la disparó al progreso al darse cuenta de cuál modelo funcionaba y cuál no. El mago de la botella apareció y sacó a cientos de millones de una miseria milenaria y estructural. Les dio comida, educación, casas y carreteras. Les dio salud y alargó sus vidas. El milagro más grande de la historia del mundo.

“Todo se ha tratado del color de la trampa Michelle, sólo hemos hablado del color de la trampa Michelle. No de si cazaba o no ratones…”, reflexionan pensando en Deng, en un semáforo, viendo pasar frente a sus autos los rostros de cientos de personas anónimas que pagarán el costo del no-progreso.

Todo esto dirían si fueran sinceros. Pero seguramente la mayoría no lo es. Repiten que son los costos que hay que pagar para una sociedad más justa. Que el tiempo les dará la razón (como se lo dio a Thatcher). Pero quizás, muy secretamente, al volver a sus casas y apagar las luces, cuando se apagan las cámaras y quedan sólo los ruidos lejanos de la calle y la oscuridad, vuelven a dudar y se les viene, una y otra vez a la cabeza esa maldita frase: “Qué hemos hecho Michelle, qué le hemos hecho a Chile”

(*) Banco Mundial.

El autor es panelista de Radio Duna.