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¿Qué podemos aprender de los defaults del 2015?

PULSO 01/02/2016

Por Felipe Lubiano.

Al igual que todos los años, siempre hay un par de emisores que terminan derrotados en su lucha por cumplir sus obligaciones financieras. Los defaults en la mayoría de los casos no llegan por sorpresa, y uno puede escapar a tiempo. El año pasado, la tasa de defaults en la renta fija LatAm High Yield fue en torno al ~3.0%, una cifra que para algunos resulta poco impresionante pero que causa estragos en personas con posiciones directas, producto de los altos montos requeridos para entrar, lo que se traduce en menor diversificación.

El 2015 presenciamos defaults principalmente en Brasil, el jugador más relevante en la clase de activo. ¿Qué podemos rescatar de la caída de los grandes? En primer lugar, que en la mayoría de los casos, los defaults se desarrollan por cambios estructurales o ciclos negativos extensos que se confunden con hechos que parecen ser de carácter coyuntural. En segundo lugar, hay que estar preparado para salir rápido de esta clase de inversiones. Un ejemplo fue el caso Lava Jato y sus implicancias de fraude sobre las compañías de plataformas. Si bien la excepción fue OAS por la rapidez del default, de las restantes, se podía salir a penas se confirmó el sobreprecio de contratos. En tercer y último lugar, siempre aparece la famosa falacia del costo irrecuperable sumado al sesgo de que los activos podrían estar mal valorizados. Lo anterior es el error de no asimilar la pérdida y sugestionarse que aún se puede recuperar. Lo segundo, es querer pasar por la reestructuración de deuda con el fin de captar mayor valor pero exponerse a pasar por un proceso largo que inmovilizaría el capital por la duración del proceso, o incluso recuperar menos de lo esperado.

Es muy fácil hablar ex post y desde el otro lado, pero también somos conocidos por ser la única especie que tropieza dos veces con la misma piedra. Si queremos invertir en deuda en distress, tenemos que conocer los riesgos y las precauciones ya mencionadas.  

*El autor es analista senior de Renta Fija en IM Trust – Credicorp Capital.

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