Trader

Lo que se puede aprender en el casino

PULSO 06/06/2016

Por Tomás Casanegra

“… [Él] sospechaba de la diversificación por ser el escondite de aquéllos sin convicción, él creía en la concentración…” Esta frase me la envió un amigo hace unos días y forma parte de un obituario a Edgar de Picciotto escrito por Byron Wien de Blackstone, donde este último narra lo mucho que aprendió de quien llamaba “The Smartest Man in Europe”.

Esto de la diversificación, y su supuesta solución a todos los males, lo he pensado mucho y muchas veces, pero sólo lo visualizo bien cuando voy al casino. Mi primera experiencia en el casino fue con la ruleta. Mi tío me había dado plata para que fuera con los grandes (los que ya trabajaban) a conocer ese mundo. Comencé temerario, apostando concentradamente al 29, día de mi cumpleaños. Fue un instinto que quizás justifiqué racionalmente pensando que alguno de los “grandes” me iba a convidar alguna ficha para seguir jugando después de perder mi apuesta. La suerte de principiante sin embargo estaba de mi lado e hice un lindo 35x. Ya con plata en el bolsillo mi mente pasó rápidamente de modo “ganar mucho” a modo “perder poco”, así que me acordé de la diversificación y me quedé diversificando por varias horas a lo largo y ancho del tablero. Como usted podrá suponer esta diversificación me permitió perder lento pero seguro, a una tasa promedio de aproximadamente 5% por jugada (37 lugares donde colocar la ficha con un payback de 35 veces, haga sus cuentas) . La primera “lección de casino” es que para que haga sentido la diversificación las apuestas ganadoras deben cubrir los muchos casilleros perdedores (más las comisiones sobre saldos administrados que le cobra su “asesor en diversificación”). 

Mi experiencia en la ruleta debe ser parecida a la del empresario exitoso, que por suerte, capacidad, o lo más probable una mezcla de ambas, le achunta a su número 29; hace su patrimonio, y alguien con un tercio de edad le dice que es hora de diversificar, por aquí, por allá, y más allá también. El “asesor en diversificación” le dice que invierta en tal o cual cosa porque va a ganar en “diversificación”, lo que no le va a decir es que la “ganancia” en diversificación puede ir acompañada de una pérdida en patrimonio. La verdad es que entre más diversificada sea la recomendación, las probabilidades que el asesor no tenga idea de los fundamentos del activo recomendado aumentan. La segunda “lección de casino”, entonces, es que si usted ya le achuntó en su vida a su 29, y no tiene ninguna convicción con respecto a que encuentre otro 29, evalúe seriamente el ir feliz y orgulloso a su casa y no se quede por ahí diversificando (a no ser que le guste mucho el casino). 

Mi comentario hasta aquí lo puede llevar a la conclusión errada de que la bolsa es como el casino. Sin embargo, quisiera comentarle otra cosa que aprendí de la ruleta y que la hace muy distinta a la bolsa (al menos para un inversionista de verdad, no para un especulador). Cuando usted juega a la ruleta y le apuesta al 29, o a los rojos, o a los impares, o a lo que sea, usted no tiene ningún margen de seguridad. Si usted fue por el 29 y dio 30, usted pierde, o si fue por los rojos y dio negro, usted pierde; usted no le puede decir al crupier que deje su ficha en el 29, porque en unos juegos más va a salir un 29. Para un especulador la bolsa funciona como la ruleta, si compró Entel y Entel cae, el especulador pierde. El inversionista, sin embargo, sabe que si la compró y cayó, nadie, absolutamente nadie lo obliga a vender (=perder). Al respecto me encantan esos titulares del tipo: “Mr X perdió US$100 millones con la caída de ayer de empresa Y”. Mr X no perdió nada, son generalmente los que se dejan llevar por esos titulares los que se inscribieron voluntariamente para el matadero. Mi última “lección de casino” es que se deben buscar juegos donde el tiempo sea su amigo, donde nadie, absolutamente nadie lo obligue a hacer la pérdida por las razones erradas (ni siquiera su otro yo). P 

El autor es ingeniero civil PUC y MBA The Wharton School