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Junio: ¿decisiones de alto riesgo y baja recompensa?

PULSO 01/06/2016

Por Claudia Morales. Al ser el activo financiero más líquido del Reino Unido, la libra esterlina también es más vulnerable a los temores de un Brexit.

Este mes confluyen dos fechas importantes. La primera, el 14 y 15 de junio, cuando se lleve a cabo la reunión de política monetaria de la Fed; la segunda, el 23 del mismo mes, cuando se realice el referéndum de los británicos sobre si desean mantenerse en la Unión Europea (comúnmente referido como Brexit).

Hasta ahora, la atención de los analistas ha estado menos centrada en el riesgo de Brexit, aun cuando un resultado desfavorable podría ser tanto o más negativo que el impacto que podría tener la decisión de la Fed.

Analicemos el escenario. Si cualquiera de las dos alternativas (Sí o No) supera el 50%, será considerada como la ganadora. Dado que el primer ministro Cameron prometió respetar la decisión, debería ser vinculante. Por supuesto, el riesgo está en que gane el No.

Pese a que algunos analistas especializados plantean que las diferencias podrían ser amplias -con la opción de no continuar en el bloque alcanzando sólo 25% -, nada está escrito en piedra y, a medida que la fecha se acerque, una mayor volatilidad podría imprimirse a los mercados, donde sólo el efecto moneda podría tener implicancias directas en las decisiones de política monetaria del Banco de Inglaterra (BoE).

En efecto, al ser el activo financiero más líquido del Reino Unido, su moneda, la libra esterlina, también es más vulnerable a los temores de un Brexit. Recordemos que en febrero pasado, la libra cayó a un mínimo de siete años frente al dólar, después de que el alcalde conservador de Londres, Boris Johnson, diera su apoyo a la opción de “salir”.

Los efectos de un escenario negativo podrían ir desde la debilidad de la moneda a una detención brusca de las entradas de capital, lo que podría desencadenar, a su vez, en reducciones de su clasificación crediticia.

Sólo la pérdida de confianza de los inversionistas, tanto extranjeros como locales, podría necesitar de decisiones de política monetaria opuestas para contener los resultados. En el primer caso, las tasas se podrían elevar como una forma de compensación por el mayor riesgo de crédito, lo que a su vez presionaría al BoE a defender la moneda mediante incrementos de tasa. En el segundo, es posible adelantar el efecto directo de un debilitamiento de la demanda doméstica, que necesitaría ser estimulada por menores tasas de referencia que, a su vez, debilitarían más la moneda.

Un escenario complejo de adelantar, pero que evidencia que un Reino Unido independiente difícilmente estaría mejor económicamente, salvo que tuviese un gran aumento de la productividad lo cual es aún más difícil de garantizar. P 

La autora es  vicepresidente de BlackRock.