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El Nuevo Plan: Parte 3 y final

PULSO 22/01/2016

Por Gonzalo Restini.

El ministro había salido satisfecho, casi seguro de haber logrado su objetivo. Eran las 11:32. Caminó a su oficina repasando mentalmente la reunión.

“Presidenta, el motivo de la urgencia es que los mercados internacionales están ahora realmente complicados”. “Quería compartirlo con usted. Quiero mostrarle”. Sacó varios gráficos de su carpeta, los que fue pasándole selectivamente a medida que avanzaba. Explicó la salida de capitales de la región. “El Real ha pasado de 2,5 a 4,1 en un año, una caída de 56%. Tendrán una recesión de 4% este año, incluso si las cosas salen bien” . Luego mostró cómo el crecimiento de China era el más malo desde 1990: 6,9%. “Si esto sigue así, el cobre no se recuperará de dos dólares por libra”. 

“El punto es el siguiente Presidenta: nosotros no estamos actuando en consecuencia con la gravedad de esto. Esto puede ser muy fuerte. Tenemos que reaccionar con un cambio de estrategia”. “La recaudación caerá, el gasto ha subido, podemos endeudarnos, pero en el mediano plazo estaremos en una situación compleja. El costo del crédito va a subir”. Miró el fondo de sus ojos. Había bondad en ellos. Y estaba realmente preocupada. 

“Qué propone entonces ministro, dispare no más”, preguntó ella. “Usted sabe que nosotros tratamos de anticiparnos, por eso preparamos un plan de contingencia” Sacó el “Plan SH”. “Le pusimos SH porque hay que dar un golpe de confianza, un Shock. Lo único que nos puede sacar de esto es una reactivación potente del sector privado. Hay que retomar las concesiones. Un gran programa de obras públicas. Dar certezas en el tema constitucional, simplificar lo tributario, cerrar el tema laboral con una reforma moderna y pro empleo. Eso reactivará la economía y nos permitirá recaudar lo suficiente para ayudar a los más pobres”. 

Ella lo miró intrigada. El remató con una frase decisiva:“Yo creo que esto puede ser muy bueno para la popularidad del Gobierno, que está muy baja”. Una sombra de tristeza, le pareció, cruzó el rostro de la Presidenta. “Piense en 2008, cuando con el ministro Velasco reaccionaron con un nuevo plan económico. Usted nos protegió cuando todo se desmoronaba. Y todos se lo agradecimos”. Ella sonrió levemente miró hacia arriba, recordando tiempos difíciles, pero menos ingratos. 

“Sabe qué ministro, me parece que es muy importante lo que usted dice. Lo peor que podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados”. Entonces le dijo que lo iba a invitar a una reunión que tenía ese mismo día, tipo 17:00, para tratar este tema con un equipo más ampliado.

Él había armado una presentación más formal, muy potente. Al llegar la hora estaba ansioso y convencido. Pasó un rato. La llamada no llegaba. A las 18:00 le pidió a su secretaria que preguntara al otro lado. Le dijeron que le iban a avisar. Pasaron los minutos. Las  horas. Ya no se sentía con tantas ganas. Miró el reloj: 19:12. Pensó en la posibilidad de que no lo llamaran. Pasó mucho más rato. Miró los mercados. Japón abrió, China abrió. Todo muy lamentable. Decidió partir, cansado. Llegó a su casa exactamente a las 22:17.

*El autor es panelista de Información Privilegiada, Radio Duna.

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