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El gato y la carnicería

PULSO 10/06/2016

Por Gonzalo Restini.

El proyecto de la AFP estatal se ve a lo lejos como el típico problema asimétrico: poco que ganar y riesgos más o menos evidentes.

Vamos primero por los beneficios: comisiones más bajas y, por lo tanto, pensiones mejores. Todo indica, sin embargo, que esto no sería fácil, incluso con una AFP estatal sin fines de lucro. Las licitaciones introducidas a contar de 2008 han logrado bajar las comisiones hasta 0,47%, valor que, según la mayor parte de los actores del mercado, está muy cerca de no hacer atractivo el negocio. Menos aún, de solventar los costos de puesta en marcha de un nuevo actor.

La alternativa sería una entidad diseñada no sólo para empatar, sino derechamente, para perder plata, como una manera de generar mejores pensiones. Esta idea, además de ser una cuestionable manera de gastar los recursos fiscales, establecería un precedente bastante funesto de competencia desleal y derechamente de dumping en una industria en que importantes actores internacionales han realizado inversiones millonarias, confiando en la claridad y estabilidad de las reglas del juego. 

No parece haber entonces un pozo de oro al final del camino. Si todo lo anterior es cierto, los beneficios de la AFP estatal son, al menos, poco claros. 

Las fuentes de problemas son, por otra parte, más fáciles de anticipar. Para ello hay que situarse escenarios políticamente extremos. Una ficción, sin embargo, no tan infrecuente en nuestro querido continente. 

Sólo un ejemplo: con un gobierno ideológicamente de cargado al subsidio fácil y al gasto rápido, los recursos rápidamente escasean y los impuestos no alcanzan. 

La solución obvia es emitir instrumentos de deuda. La mezcla de más deuda y finanzas fiscales más deterioradas hacen al deudor progresivamente más riesgoso, y las tasas de interés que le exigen, cada vez más altas. Hasta que se hacen prohibitivas, cuando el riesgo país se dispara (y se culpa al FMI o a los yanquis).

Ahí aparecerá algún genio que se acuerda que el Estado maneja una AFP con miles de millones de dólares que pueden usarse, en estas adversas circunstancias, en cruzadas patrióticas: financiar el Estado o alguna de sus empresas. ¿No es acaso un objetivo encomiable? ¿Quién podría negarse, si los mercados internacionales se han vuelto en contra nuestra? Y con esta lógica impecable, la AFP estatal cumplirá con su deber, comprando los bonos que nadie quería. 

Los perjudicados serán los aportantes, trabajadores chilenos que recibirán menos interés que el de mercado por el riesgo que asumen. En el peor de los casos, se comerán una pérdida morrocotuda, como sucedió en Argentina en 2001. Una exageración, responderán muchos con buenos argumentos que sirven en tiempos normales: Habrá límites, Políticas de Inversión, Directorio Independiente y otras salvaguardas. Y es verdad que eso funcionará. Pero hasta cierto punto. Porque los sistemas deben andar bien incluso en los escenarios de stress. Piense en Argentina o en Venezuela. Con un gato muy bravo, muy vivo y muy flaco. En esa carnicería, los filetes y los lomos no podrán descansar tranquilos. P 

El autor es panelista de Información Privilegiada, de Radio Duna.