Trader

El economista inversionista

PULSO 01/02/2016

Por Tomás Casanegra.

Como es habitual en esta época del año (y últimamente en cualquier época sea dicho) economistas y organizaciones presentan sus proyecciones de crecimiento, inflación, dólar, cobre, etc. Las corredoras se suman con sus estimaciones de rentabilidad para el IPSA en 2016 y para las principales empresas que lo componen. Usted, por otra parte, aún siendo consumidor de estos informes, ya ha internalizado que muchas veces son más anecdóticos que reales; quizás hasta le gusta contar el chiste que los economistas son excelentes historiadores u otro por el estilo.

Muchos economistas también reconocen que proyectan porque les piden que lo hagan y no porque crean tener algún don especial para saber lo que va a pasar en el futuro. Supongo que si fuese este el caso serían como los héroes de The Big Short quienes, contra la opinión generalizada, apostaron lo que no tenían a lo que sabían iba a ocurrir (le recomiendo ver la película, o mejor aún, como aconseja mi mamá, lea el libro). Los economistas más cautelosos incluso se “hedgean” a la hora de hacer sus estimaciones con fórmulas que no sirven para mucho: 30% de probabilidad que crezcamos, 40% que nos mantengamos, y 20% que caigamos en recesión (a los buenos les suma 100%).

El problema en todo caso no es que los economistas no sepan proyectar sino que los mercados son esencialmente impredecibles, y creo que esto se debe en parte a referencias circulares que pueden dar como solución de equilibrio casi cualquier “equilibrio”: proyectamos precios que son resultado de oferta y demanda pero la oferta y demanda a su vez es resultado de un precio. Y si ya es difícil saber qué va a pasar con los mercados imagine cómo será saber cuándo va a pasar. Por ejemplo, el CEO de Morgan Stanley con un buen olfato cíclico dijo hace poco en Davos que un lugar para ganar mucho dinero hoy es comprando acciones de empresas petroleras, él tiene buenas razones para saber lo que va a pasar, pero no es chanta para decir que la ganancia la va a realizar el 31 de diciembre de 2016 o cualquier otra fecha. La verdad es que el secreto del éxito de los grandes inversionistas está en tener una idea de lo que va a ocurrir, pasando por caja una vez que pasa lo que tiene que pasar, sin preocuparse si eso ocurre o no el 31 de diciembre.

Bromas más bromas menos, quiero que sepa que sí hubo un gran inversionista que también fue un gran economista (o al revés si prefiere), su nombre fue John Maynard Keynes (usted lo conoce). Keynes administró desde 1927 a 1946 el endowment de King´s College de Cambridge obteniendo un retorno anual promedio de 12% en un período en que la bolsa del Reino Unido cayó, en promedio, un 1% por año producto de la gran depresión y segunda guerra mundial, entre otros. Keynes no creía en cosas que para muchos economistas actuales están escritas en piedra como la eficiencia y sabiduría de los mercados o la diversificación como estrategia sensata a la hora de invertir, menos creía en las opiniones de consenso de sus colegas: “Mi propósito es comprar títulos de empresas con activos y sobre todo con earnings power satisfactorias y donde el precio de mercado me parezca barato con respecto a éstos”; “(invertir) es la actividad donde la victoria, la seguridad y el éxito está siempre para la minoría y nunca para la mayoría”; o “mejor tener pocas acciones y un mayor monto en tus mejores ideas que repartirte entre muchas”.

Sigo compartiendo la observación de Seth Klarman: “nunca he visto un inversionista exitoso en el largo plazo que no sea un value investor”.

*El autor es ingeniero civil PUC y MBA The Wharton School.

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