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"La sustentabilidad se juega no en cómo se gasta la plata una empresa, sino en cómo se la gana"

Paula Núñez 06/01/2016

Rodrigo Aguayo y Sebastián Cantuarias explican cómo fomentar el trabajo en comunidad impacta el territorio. Además, hablan sobre en cambio en la forma de hacer RSE en nuestro país y hacia dónde debe inclinarse.

Partió hace once  años de la inquietud de un grupo de profesionales jóvenes que planteaban que, en vez de llevar proyectos de mejoramiento a diversos territorios, preguntaran mejor cuáles eran las ideas que sus mismos habitantes tenían. 

Llamaron al sector privado a participar de esta mecánica, lo que dio origen a la fundación Proyecto Propio, que hoy cuenta con más de 200 iniciativas desplegadas a nivel nacional. “Todo empezó de la mano de labores voluntarias, pero con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que era necesario profesionalizar la fundación. Partimos trabajando en condominios sociales de Santiago y era necesario un trabajo más técnico”, comenta Rodrigo Aguayo, director social de Proyecto Propio, que junto a Sebastián Cantuarias, director y fundador de esta entidad explican su modelo.

¿Fue en el contexto de ese trabajo que desarrollaron una metodología?

En nuestro país, donde las organizaciones están tan desarticuladas, no hay incentivos a las personas para hacer proyectos en común. Nosotros buscamos ayudar a las personas a juntarse para formular proyectos, a hacer no sólo un marco teórico, sino procedimientos que permitan a las familias establecer qué es lo que desean hacer, cómo y qué medios requieren.

¿Cómo funciona la metodología?

Primero, establecimos que para fomentar el trabajo horizontal no se requiere un papel en la pared, sino en la mesa. Eso obligaba a dar un sentido donde todos los actores son iguales. En un comienzo, pensamos en un tablero que tenía como objetivo racionalizar ideas, deseos y expectativas de las personas. Por lo mismo es que las primeras preguntas que surgen es por qué se juntan, por qué quieren realizar esta iniciativa. A final de cuenta, limpiar la plaza no es sólo tener un espacio más limpio. Se trata de que se tienen que dar cuenta de que lo hacen porque quieren vivir mejor.

¿Cuánto demoran en tener proyectos en marcha?

Es complejo estandarizar porque depende de la magnitud del proyecto y las personas involucradas. Generalmente, partimos ayudando a un condominio social como La Parinacota. El autogestionar proyectos de mejoramiento de espacios públicos implicaba levantar las necesidades y son procesos de tres meses, donde se invita a privados a poner fondos que dependen de la gestión de las personas. Por ejemplo, si ellos ponían 100, la empresa 300. Pero si las personas ponen 300, la empresa también aumentaba su porcentaje de contribución.

Esto fomenta también la participación de las personas

Claro, porque implica que terminaban juntando los recursos necesarios para las mejoras que deseaban hacer, incluso sin el aporte de privados. A fin de cuentas  tenía que ver con que ellos no habían tenido la oportunidad de sentarse y hacer cosas en común. Después del terremoto, nos pidieron  ayuda para la reconstrucción de isla Mocha porque ninguna constructora estaba dispuesta a ir por los elevados costos. Entonces, nosotros implementamos subsidios de autoconstrucción asistida. Ahí la metodología estuvo orientada a organización, diseño de las casasm y capacitación de pescadores. 

¿Qué rol cumple el mundo privado en este modelo?

Es fundamental, porque a veces hay contextos donde al Estado le ha costado mucho llegar. Por ejemplo, al comienzo de la fundación, cuando no había subsidio para mejoramiento de condominios sociales, contar con recursos disponibles, fue lo que permitió, de cierta manera, generar esta dinámica de participación. El mundo privado nos ha permitido muchas veces movilizar recursos que desde el Estado son muy estandarizados y por ello, resultan poco contingentes.

¿Cómo creen que el mundo privado se toma actualmente su rol social?

Hemos tenido vínculos con empresas y cada vez son más las que comprenden que el impacto social también va por el lado de sus operaciones. En cierta manera, si ellos ponen criterios de sustentabilidad no sólo en sus vínculos con la comunidad, sino en sus procesos, pueden generar grandes impactos en los contextos donde trabajan. Por ejemplo, una minera que parte sus instalaciones, donde el jefe de operaciones o transporte tenga presente el impacto comunitario que tiene el paso de camiones puede implicar cambios importantes en materias de impacto. Creo que la operación sustentable tiene que pasar de una RSE comunicacional a  una RSE que efectivamente impacte en la operación de la empresa. Hoy las empresas tienen que tener claro que la sustentabilidad se juega no en cómo se gastan la plata, sino en cómo se la ganan. O sea, qué procesos tengo, cómo es mi huella hídrica, qué relaciones laborales hay o cómo es mi política de pago a proveedores, cambiar el foco.

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