ALBERTO-PEDRO-LOPEZ-HERMIDA

Opinión

¿Y qué hacemos ahora?

PULSO 18/04/2017

Por Alberto López-Hermida. Bienvenido, pues, a la campaña electoral de la postverdad… Si hace un par de décadas se hizo atractivo no figurar con el partido, ahora usted, señor candidato, puede preciarse de no tener un programa.

“Ahora hay que dotar a Guillier de contenido”. Con esta “perlita” celebró el diputado Osvaldo Andrade el que su partido eligiera a Alejandro Guillier como el candidato del socialismo chileno. Más allá del salvavidas de plomo que implican estas palabras, el problema es que dejan en evidencia una realidad alarmante.

Efectivamente, Guillier es un rostro televisivo, con medio período de senador a su haber y con una falta de ideario que hace -hasta el momento- su candidatura esté absolutamente vacía de contenido. Hace algunos meses aseguró que su gobierno sería de continuidad respecto al de Michelle Bachelet, algo que ha procurado repetir menos porque nada hay más cercano al auto-boicot que ceñirse a una Presidenta que coquetea desde hace meses con el 20% de popularidad.

Si se busca algo de contenido político en la candidatura de Guillier no queda más remedio -por mucho que sangren los ojos- que asomarse al libro publicado por el periodista Raúl Sohr, Alejandro Guillier: de cara al país.

La obra se centra en tres entrevistas a Guillier realizadas por Sohr en febrero recién pasado, durante ese gran silencio estival, lo que le significó descender en las encuestas. Lo cierto es que la gente necesita que le recuerden permanentemente que esa voz que escuchamos por años en la televisión y en la radio sigue con vida y hoy apunta a La Moneda. En su caso, si no habla, se desinfla. Pero, ¿de qué hablar?

El libro, de condescendientes 148 páginas, se divide en un abanico de capítulos que van desde un conveniente slogan –“no soy anti-militar, soy anti-Pinochet”- a un tierno y panfletario “Chile va a ser de los ciudadanos”.

En varias ocasiones insiste en que estudió en un “liceo con número” y repite con cierta regularidad que es de provincia, lo que no impidió el que sea hoy un trabajólico que se despierta antes de que salga el sol. Un liceano, de provincia y que madruga para ir a trabajar… Pese a esas tres maldiciones, Guillier logró salir adelante, olvidando que al menos un tercio del país que pretende dirigir es un “bicho” igual de raro.

Con un apretón de manos a Salvador Allende durante su juventud, relata su Damasco político y así logra hacer con Sohr lo que tantos entrevistados hicieron con él: decir algo sin decir nada.

Por lo mismo, quizás la mejor parte del libro -por la que tampoco conviene desembolsar $10 mil- sea el prólogo escrito por el autor.

Ahí se autoproclama el “fenómeno Guillier”, algo “ajeno a las elites gobernantes”, como si ser hombre ancla en TV y radio no fuera tener poder. Además se advierte que de perder, la responsabilidad será de las “pesadas maquinarias de los partidos”. Nuevamente estamos frente a un amante de la Teoría de la Conspiración.

Se pone también especial énfasis en que desde su “supra-partidismo” -vaya neologismo gramsciano- la  falta de programa político de parte de Guillier es una ventaja pues estos “no pasan de ser declaraciones de buenas intenciones”.

Bienvenido, pues, a la campaña electoral de la postverdad… Si hace un par de décadas se hizo atractivo no figurar con el partido político, ahora usted, señor candidato, puede preciarse de no tener un programa de gobierno.

Eso sólo hace recordar, con escalofrío y todo, las palabras con las que el recién electo Robert Redford acaba el clásico cinematográfico “The candidate” hace justo 45 años: “What do we do now?”.

*El autor es académico Universidad de los Andes (@albertopedro).