2237654_500.jpg

Opinión

Twitter: el fin de los 140

PULSO 08/01/2016

Por Manu Chatlani. Los usuarios más activos están ahí precisamente por los 140 caracteres y el tiempo real.

Pasó lo que nadie pensó que pasaría. Twitter dejará los 140 caracteres para pasar a un máximo de 10 mil caracteres por tuit. Esto se enmarca en un proceso donde la red social (más de 320 millones de usuarios en el mundo, cinco millones en Chile) sigue sin poder generar el revenue y las utilidades que los accionistas esperan y está intentando remediarlo como sea. Para ello han creado nuevos sistemas de avisaje, herramientas para simplificar el uso y hasta copiar lo que pasa en otras redes sociales.

El paso siguiente fue el nuevo límite de caracteres, lo que gatilló críticas -a nivel de medios y tuiteros empedernidos-, la acción cayó 2,97% y hay dudas sobre si esto cambiará algo. En el papel, la jugada de Jack Dorsey, cofundador y CEO de Twitter, buscaría que Twitter pase de una herramienta para micro pensamientos a una especie de blog en tiempo real, donde los contenidos sin límite puedan competir con LinkedIn y Medium y, de paso, atraer a opinólogos, columnistas, periodistas, blogueros y marcas. ¿Lo bueno? Habrá más espacio para dar explicaciones ante episodios de crisis, para informar sobre eventos noticiosos o a la hora de brindar servicio al cliente. Pero alejarse del core, de lo que una marca ES, constituye un problema. Los usuarios más activos están ahí precisamente por los 140 caracteres y el tiempo real. Es esa misma restricción del espacio, los famosos 140 caracteres, el arma para presionar y lograr generar el mejor contenido, la mejor historia, chiste o comentario. Eso desaparece con el nuevo límite. En medio de una cultura digital donde la gente dedica ocho segundos o menos para saber si algo le gusta y está acostumbrada a “surfear” el timeline en Twitter para ver imágenes, gifs y contenido, es difícil que las personas se detengan a leer. Igual de difícil que los usuarios más activos adopten el nuevo formato. Todo pinta para un cambio cosmético para atraer usuarios, pero que no resuelve el fondo. Y solo deja una interrogante: ¿Twitter sabe hacia dónde debe ir?

*El autor es director ejecutivo de Jelly, agencia digital.

Archivos relacionados