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Opinión

Tus mentiras, más entretenidas que mis verdades

PULSO 28/01/2016

Por Gonzalo de la Carrera Correa. Engatusar al pueblo con mentiras es relativamente fácil. Seducirlo con promesas siempre es más sencillo que contarle la verdad.

Recuerdo que unos amigos recién regresados desde España, donde cursaron un master, comentaban anécdotas acerca de sus años en la Universidad de Navarra. Muchas de estas tenían que ver con la dificultad en la convivencia entre ellos. Uno de los recién graduados hacía reír al resto contando anécdotas a costa del que parecía el más débil del grupo, hasta que este le asestó una frase memorable: “No puedo competir contigo, tus mentiras son mucho más entretenidas que mis verdades”.

Engatusar al pueblo con mentiras es relativamente fácil. Seducirlo con promesas y cuentos entretenidos para lograr su voto es claramente más sencillo que contarle la verdad. Así, hemos transitado desde un país que se enorgullecía con el esfuerzo desplegado por todos en reconstruirlo y transformarlo en un país pujante y admirado por el mundo entero, a uno donde los derechos se han tomado por asalto el rol de los deberes. Nos hemos ido acostumbrando a que nos mientan, que las autoridades tengan una moral laxa, que se falseen las encuestas de desempleo, que se nos diga que en diciembre el Ministerio de Salud hizo la pega que no había hecho en un año, que se nos presente un Presupuesto construido con parámetros irreales y que, habiendo pasado dos meses desde su aprobación, ya nos damos cuenta de que será imposible de cumplir.

¡Campea la burocracia! Existiendo seis subsecretarías vacantes, considerando la reciente renuncia de Tamara Agnic, el Gobierno anuncia la creación de cuatro nuevos ministerios. Seguimos gastando y endeudando a Chile a razón de US$10 mil millones al año, el valor del cobre ya tocó los US$2 la libra y el crecimiento de Chile va en retirada.

Varios millones de compatriotas compraron la promesa vacía de la igualdad, entregando su libertad de elegir a cambio de las granjerías del Estado. Si queremos educación gratis debemos renunciar a escoger el proyecto educativo para nuestros hijos, si queremos salud gratis no podremos escoger al doctor. Así, sin darnos cuenta vamos cediéndole al Estado gradualmente nuestras libertades.

Hace años que se impone en algunos la tentación por “tomar el atajo”. Quienes antes con innovación, coraje y pasión generaban la riqueza invirtiendo, arriesgando y compitiendo de igual a igual en el mundo entero, optaron por acortar el camino.

El “tomar el atajo” ha tomado múltiples formas, como nombrar director de la empresa a algún político con nula experiencia en el mundo real pero que otorgue la sensación de protección si los vientos políticos soplan en la dirección contraria. En algunos casos se nominó como directores a personas con una clara odiosidad hacia el sector privado, los mismos que hoy atentan contra este promoviendo reformas que nos retrotraerán a los años ‘60.

Otros han optado por apoyar económicamente a gobiernos de izquierda como una táctica para dar legitimidad a sus actividades, o bien contratar asesores estratégicos comunicacionales cuya ideología es contraria a los valores y principios de una sociedad libre que cree en la meritocracia, en el emprendimiento y en el mercado con las debidas regulaciones. Todo lo anterior ha probado ser un craso error y hoy lo estamos pagando muy caro.

Así hemos ido degradando la confianza en las empresas como motor de la economía, en el rol insustituible del sector privado, en las instituciones que deben resguardar el Estado de derecho, como el Poder Judicial, la Presidencia de la República, el Parlamento, y los partidos.

La confianza como capital social se ha perdido en las olas del oportunismo y de la excesiva ideologización entre dos mundos, el que prefiere más Estado y el que prefiere más libertad.

La conocida filósofa Carolina Dell’Oro me señaló que confiar es apostar por la conducta del otro, sin manejar, ni conocer todas las variables. Eso lo fuimos logrando durante 30 años y ¡lo perdimos!

Tanto en el mundo de la empresa, en sus ejecutivos y directores, como también en el mundo político estamos en permanente búsqueda de nuevos líderes, personas con convicciones fuertes, capaces de otorgar certezas, predecibles en sus actos. De no encontrarlos seguiremos náufragos, gobernados por liderazgos erráticos y poco confiables.

Existe una brecha gigante entre lo que los ejecutivos, empresarios y políticos creen que la gente necesita y lo que realmente esas personas requieren. Esa brecha es algo de lo cual debemos hacernos cargo con urgencia. Cómo hacerlo es lo relevante. Las preguntas que cada directorio debe hacer cambiaron y, por ende, las respuestas no pueden seguir siendo las mismas.

Los actores sociales en el mundo de la empresa y en la política ya no solo deberán dar cuentas del qué se logró, sino del cómo se hizo. Las metas cumplidas o la eficiencia lograda serán el “desde”, dejando paso al “cómo” se lograron tales resultados, que es lo que realmente tendrá valor si queremos construir un país con visión de futuro y validado por su entorno.

La sustentabilidad y la legitimidad social ya no dependerán de movidas tácticas de corto plazo, como financiar a los actores políticos en forma transversal o buscar comprar protección en gente con una visión de la sociedad contraria a nuestros principios. El verdadero desafío para reconstruir las confianzas está en ser capaces de pararnos sobre nuestras convicciones y otorgar certezas acerca de nuestro actuar. Solo así podremos redirigir a Chile hacia el logro de ser un país libre, inclusivo y más justo.

*El autor es ingeniero comercial UC – (@carreragonzalo).

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