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Opinión

Tributos para el estancamiento

PULSO 04/01/2016

Por Salvador Valdés Prieto. La Reforma Tributaria de 2014 tiene las prioridades al revés. Por eso subió la tasa de impuesto sobre la base más móvil, que es la utilidad corporativa, desde 20% al 27%.

En una columna publicada en PULSO el 3 de diciembre, Claudio Agostini propuso subir a 30% la tasa del impuesto corporativo (primera categoría). Argumento aquí para rechazar esa propuesta. Cualquiera sea el objetivo de los impuestos, es clave limitar sus efectos negativos. Y ellos dependen mucho de cuál sea la base usada para gravarlos. ¿Deberían gravarse las utilidades corporativas, o el ingreso personal de los ricos, es decir, los retiros desde las empresas? Son bases distintas, incluso en regímenes con 100% de integración. En su columna, Agostini da prioridad total a impedir que las personas de altos ingresos aprovechen vacíos para hacer pasar parte de sus ingresos laborales como utilidad de empresas. Para evitarlo, propone reducir la diferencia entre la tasa máxima de impuesto personal y la tasa de impuesto corporativa, bajando la primera y subiendo la segunda. ¿Qué importancia tiene en comparación a otros problemas? Las personas migran poco y esconden ingresos en pequeña escala. En cambio, el capital corporativo migra por medio de reinvertir el flujo de caja en aquellos países donde sea mayor la rentabilidad esperada neta de impuestos, ajustada por riesgo. También es más acucioso en afinar, sujetándose a la ley, precios de transferencia y modos de financiamiento desde partes relacionadas, con el fin de minimizar su carga tributaria global. Por eso, la recaudación del impuesto corporativo es más sensible a su tasa de impuesto que la recaudación de los impuestos a las personas.

¿Qué problema es mayor, según los países con Estado de bienestar más voluminoso, como Suecia, Dinamarca, Finlandia y Holanda? Ellos recaudaron entre 36% y 44% del PIB en impuestos en 2014. Sin embargo, solo obtuvieron entre 1,9 y 2,7 puntos desde impuestos al capital corporativo. Aplicaron tasas corporativas moderadas: 22% Suecia, 20% Finlandia, 23,5% Dinamarca, 25% Holanda. Obtuvieron entre 22 y 28 puntos desde impuestos al ingreso de las personas que reciben retiros, e impuestos al trabajo explícitos y para la seguridad social (el resto proviene de IVA, impuestos específicos y bienes raíces. Fuente: OCDE). Esos cuatro países aceptan grandes diferencias entre la tasa de impuesto máxima al ingreso personal y la tasa de impuesto corporativo, saben que hay filtraciones, y trabajan en cerrarlas por vías distintas de bajar la diferencia de tasas. Ellos eligen esta desproporción por la competencia tributaria entre países. Su importancia está avalada por una abrumadora evidencia econométrica, para países emergentes y ricos. Esos cuatro países prefieren atraer más del gran capital corporativo para tener salarios altos y buenos empleos. Estiman que la menos mala de las maneras de financiar su Estado de bienestar es con impuestos personales, a la suma de los retiros e ingresos del trabajo. La filtración que prioriza Agostini es secundaria en economías pequeñas y abiertas.

La Reforma Tributaria de 2014 tiene las prioridades al revés. Por eso subió la tasa de impuesto sobre la base más móvil, que es la utilidad corporativa, desde ese 20% que era prudente para nuestra realidad y recaudaba 4,0% del PIB, hasta una tasa excesiva como es 27%. Para comparar, la tasa colombiana de impuesto corporativo, de 34%, recaudó solo 2,8% del PIB en 2013. Ultimamente se plantea subir la tasa del impuesto corporativo a 30%, a cambio de recuperar la integración total y dejar la recaudación constante. ¿Conviene? No, porque ello respaldaría los aumentos de la tasa corporativa ante la opinión pública, que cree que su incidencia es sobre los ricos. Ello dificultaría reparar el error en el futuro, prolongando el estancamiento para todos.

*El autor es profesor de Economía UC e investigador Clapes UC.

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