Opinión

The Economist y nuestra dulce condena

PULSO 20/03/2017

Por Andrés Rebolledo. Chile tiene la ventaja de desarrollar su industria de energías renovables sin subsidios, a diferencia de la experiencia internacional.

En una reciente publicación, The Economist nos advierte que la energía sustentable tendría un “secreto sucio”. El concepto suena a novela policial, de esas que los lectores devoran en vacaciones. Pero a diferencia de un texto de Chandler o Simenon, donde las sentencias son relativas o al menos no tan categóricas, de este artículo se podría inferir que hay una condena detrás del uso de la energía del agua, del viento o del sol.

¿Cuál sería el secreto? ¿Por qué habría condena? La trampa que señalan estaría en la utilización desmedida de subsidios para respaldar la expansión de estas fuentes energéticas. Esta realidad que recoge The Economist puede tener asidero en algunos países europeos, pero aquí, en Chile, vivimos una situación totalmente distinta.

Nuestro país tiene la ventaja de encontrarse desarrollando su industria renovable sin subsidios, a diferencia de la experiencia internacional, donde su aplicación ha distorsionado los mercados, resultando en exceso de capacidad y bajas tasas de recuperación de inversiones.

Los resultados de las licitaciones han demostrado que Chile tiene un “subsidio natural”, por sus recursos privilegiados a lo largo de todo nuestro territorio. Por lo mismo, los chilenos podemos celebrar sin complejos que el mundo esté entrando en una era de energía limpia, inagotable y a bajos precios. Sin duda que esta es una gran noticia para todos los consumidores.

Sin embargo, The Economist toca otro punto que sí debe ser motivo de atención: los expertos internacionales están empezando a preocuparse porque menores precios para el consumidor significan menores rentabilidades para los inversionistas y, para alcanzar esta era renovable, necesitamos grandes cantidades de inversiones en nuevas centrales, redes de transmisión y distribución.

El sector energético chileno está comenzando a vivir este fenómeno. En las últimas licitaciones del año 2016, 52% de lo adjudicado correspondió a nuevos proyectos eólicos y solares, con precios 63,1% más bajos que en 2013.

La transición hacia la nueva era renovable requiere que además de construir nuevas plantas ERNC, sea necesario garantizar la rentabilidad de las plantas ya construidas para que otorguen la flexibilidad que necesitan las fuentes solares y eólicas cuando no están disponibles. Es por esto que nuestra nueva Ley de Transmisión Eléctrica apunta a disponer de una infraestructura robusta, que facilite la operación segura del sistema eléctrico nacional.

Como resultado, este año 2017 tendremos operativa la interconexión de los dos mayores sistemas eléctricos del país. Al tener un solo sistema en Chile desde Arica hasta Chiloé, la generación solar del norte se encontrará respaldada por la generación hidroeléctrica del centro y del sur. Igual función podrán cumplir las futuras interconexiones con nuestros países vecinos como Argentina y Perú, lo que está actualmente en estudio.

El trabajo que nuestro Gobierno está iniciando en cuanto a servicios complementarios es lo que se necesita para dar cuenta de la variabilidad de las fuentes renovables, permitiendo financiar la flexibilidad que necesitan que sea proveída por tecnologías convencionales cuando no hay sol o viento.

Asimismo, la nueva ley de distribución eléctrica, hoy en elaboración en un proceso ampliamente participativo, contribuirá con soluciones posibles a partir de la incorporación de nueva tecnología, como “smart meters” y gestión de la demanda, para lidiar con la variabilidad de la oferta renovable.

Hay que tener claro, como indica The Economist, que las energías renovables no son el problema, sino las regulaciones desactualizadas. Sin duda, Chile está dando ejemplo de ello con las licitaciones eléctricas, considerando que al mismo tiempo que durante 2016 se han reducido los costos de la energía eléctrica hasta alcanzar el menor nivel en diez años, el sector energético se ha constituido por dos años consecutivos como el sector de mayor inversión en el país.

En nuestro sector energético no hay secretos. Y tenemos una feliz condena: contar con fuentes sustentables que pueden conducirnos hacia una matriz más limpia, inagotable y barata.

*El autor es ministro de Energía.