Opinión

El tema de los gastos

PULSO 16/04/2018

Por Juan Manuel Baraona.

Hay por lo menos dos cosas que distinguen la discusión tributaria en el anterior gobierno y en el actual. La presidenta Bachelet ya tenía un proyecto ingresado en el Congreso desde principios de mes, en tanto que el presidente Piñera se ha dado seis meses para presentar en sociedad el suyo. De otro lado, en 2014 nadie hablaba de impuestos hasta que se conoció el proyecto, en tanto que hoy todos se refieren al tema. Creo que hemos progresado en ambos aspectos y eso está bien.

La cuestión se ha centrado principalmente en la tasas. ¿Debemos o no alinearnos con nuestros socios de la OCDE? Para ser francos, las tasas en sí mismas no dicen mucho si no se consideran otros elementos del sistema, como las bases imponibles. De modo que limitar la discusión a ellas es incompleta.

En materia de impuestos sobre las rentas o utilidades, la base en términos generales está determinada por los ingresos menos las deducciones, y estas últimas por los costos y los gastos. Los dos primeros no suelen causar grandes problemas, la cuestión, sin embargo, se pone difícil con los gastos generales: aquellos que, sin referirse directamente a los bienes producidos, se vinculan a la subsistencia y crecimiento de la empresa en cuanto tal. Y es al tema de los gastos al que quiero referirme, pues es el que duele a los contribuyentes.

El texto legal es claro y no debería dar lugar a equívocos. Se pueden deducir los gastos necesarios para producir la renta. Ahora, ¿qué es un gasto necesario? Para cualquier no iniciado es aquel que se vincula razonablemente a la existencia y desarrollo de la unidad productiva y la decisión de incurrir en ellos, así como la oportunidad o monto corresponde a la administración, ya que nadie en su sano juicio va a incurrir en gastos que disminuyan la rentabilidad del negocio. En cada peso adicional de gasto el Fisco pierde impuestos, pero la empresa pierde más. Así, la autoridad fiscal solo debiere ocuparse de fiscalizar los gastos con partes relacionadas en que pudiere haber una intención de desviar el resultado.

Nos ha sido éste, sin embargo, el criterio de la autoridad fiscal y de los tribunales. Quienes han reducido el concepto de gasto necesario a gasto indispensable, sin el cual la empresa no puede subsistir. Esta discrepancia de criterios se ha traducido en la práctica en importantes conflictos entre los contribuyentes y las autoridades administrativas y judiciales.

Uno pudiere pensar que lo anterior significa que la sumas cuestionadas tributarán con las tasa del impuesto de primera categoría de 25% o de 27%, según el caso. Desgraciadamente no es así, ya que quedarán sujetas al impuesto de 40% que afecta a los gastos rechazados. Esta norma fue introducida en la reforma de 1984 como una medida de control para impedir que las empresas desviaren recursos a sus propietarios por la vía de incurrir en gastos en su favor. Nuevamente la jurisprudencia administrativa y judicial se han apartado de la intención original y han aplicado esta sanción a cualquier desembolso no deducible a gastos tan alejados de flujos hacia los propietarios como son los pagos por responsabilidad extracontractual.

Estimo que tan importante como el tema de las tasas es el de los gastos, con la ventaja de que otorga seguridad a los contribuyentes, algo que a veces se olvida en el debate público.

Socio de Baraona Fischer Spiess