2092660_500.jpg

Opinión

Subsidiariedad y empresa, lejos del asistencialismo

PULSO 24/05/2016

Por Bruno Baranda Ferrán. Es necesario partir de la base de la confianza, de apostar por las personas y que estas sientan que se cuenta con ellas en la empresa.

Quienes han seguido de cerca el reciente debate sobre los cambios a la Constitución de Chile, podrán haberse topado con el concepto del Estado subsidiario y la pregunta respecto del rol que le compete al Estado en cuanto a garantizar derechos y, al mismo tiempo, fomentar espacios de autonomía. Mientras este debate ocurre, existe otro actor social que también puede hacerse cargo de la subsidiariedad: la empresa, un motor fundamental para el desarrollo y el progreso social.

Pues bien, cuando la autoridad (sea política, empresarial o de otra índole), asume una función subsidiaria participando en aquellas cuestiones que, por diferentes razones, no puedan resolverse eficientemente en el ámbito local o más inmediato, y a la vez se abstiene de intervenir allí donde los grupos menores o personas pueden ser autónomas, teniendo por objetivo el bien común, se abre un gran espacio para la participación ciudadana, sea personal o institucional a través de la empresa.

Así, las empresas no solo pueden responder a los desafíos que el Estado no aborda, sino que también pueden aplicar el principio de subsidiariedad en su gestión al interior de ellas.

Para debatir al respecto, USEC traerá a Chile al académico norteamericano Michael Naughton, experto en ética empresarial, quien se ha abocado a desarrollar la aplicación del principio de subsidiariedad en la empresa.

A fines de agosto, Naughton expondrá en una conferencia su experiencia, que comenzó al constatar cifras que indicaban que en Estados Unidos el 70% de los empleados se declaraba indiferente o incluso hostil hacia su trabajo, y múltiples estudios confirmaban preocupantes niveles de desmotivación y falta de compromiso de la fuerza laboral. A nivel local, probablemente sea una realidad extrapolable.

Los estudios del profesor Michael Naughton apuntaron a entender los factores que provocan la desmotivación de los trabajadores, afectando niveles agregados de productividad y, por ende, al crecimiento y desarrollo de los países. Su conclusión, en una línea, fue que se debía aplicar el principio de subsidiariedad en el trabajo. ¿Cómo? Evitando la instrumentalización del trabajador por medio de la entrega real y efectiva de espacios de desarrollo, generación de talento, responsabilidades claras y, en definitiva, confianza en que cada persona debe desarrollar su potencial completo.

En toda organización existen tensiones entre la confianza y el control, entre la centralización y la participación, entre la estandarización y la innovación.

Naughton propone una manera eficaz de lidiar con estas tensiones a través de tres pasos. Primero, mediante el diseño del trabajo y distribución de las tareas de una manera tal que se amolden a los talentos y competencias de las personas. Segundo, a través de la capacitación y la formación continua, que incluye mentorías o coaching. En este punto es crucial que los colaboradores tengan voz y voto en cuanto a qué capacitación realmente necesitan, ya que muchas veces se les ofrecen alternativas que se alejan de sus intereses. De este modo se facilita que los colaboradores tengan las herramientas, experticia y experiencia adecuadas para desarrollar su labor.

El tercer paso consiste en establecer sólidas relaciones interpersonales y ambientes laborales virtuosos. La virtud debe comenzar con la conducta cotidiana de los líderes, lo que marcará positivamente la cultura en la que se sancionará espontáneamente el comportamiento inadecuado o poco ético. Para favorecer este punto, es necesario partir de la base de la confianza, de apostar por las personas. Que estas sientan que se cuenta con ellas, que no solo se les delegan tareas a ejecutar, sino que en base a su propio criterio y experiencia pueden tomar decisiones de cómo desempeñar mejor su trabajo.

La premisa que subyace tras las estructuras subsidiarias es, como menciona Naughton en su libro “Respeto en acción”, que “una organización puede convertirse en la mejor de sí misma, solo hasta el punto en que las personas que gestionan la organización se convierten en la mejor versión de sí mismas”. Apostamos a que esta es una nueva mirada que enriquecerá a la comunidad empresarial a la que pertenecemos y con la que interactuamos diariamente.

Después de todo, la subsidiariedad aplicada a la esfera personal implica que debemos tener los espacios para el diálogo y el intercambio de ideas que nos permitirá desarrollar la mejor versión de nosotros mismos. 

*El autor es presidente de USEC.