Opinión

¿Somos los chilenos poco productivos?

PULSO 15/01/2016

Por Raúl O'ryan y Igal Magendzo. Chile lo ha hecho bien los últimos 25 años en lograr un crecimiento de su PTF por sobre la mayoría de países con los que se compara.

El 2016 ha sido declarado el Año de la Productividad. Conviene por ello, al comenzar este año, reflexionar sobre cómo nos ha ido como país al respecto, para con ello precisar cómo estamos y establecer luego lo que nos falta. Esto es particularmente necesario cuando diversos analistas, mirando cifras de corto plazo, plantean inquietud al respecto. Nos parece, sin embargo, que es necesario comenzar mirando un plazo algo más largo, que es donde se juegan de verdad los temas de productividad. También es útil compararse con referentes relevantes para Chile en estas materias.

Para medir la productividad de un país -que es una medida de cuan bien hacemos las cosas o la eficiencia en el uso de los recursos- es común utilizar la Productividad Total de Factores (PTF). La PTF es aquella parte del crecimiento económico que no puede explicarse por la adición de factores productivos tales como capital físico, capital humano o trabajo.

Un cambio en este indicador refleja el impacto de nuevas tecnologías, economías de escala, mejor gestión y cambios organizacionales, asociándose así a ganancias de eficiencia e innovación.

Medir la PTF no es tarea fácil. Por ello, Corfo en conjunto con la Universidad Adolfo Ibáñez han desarrollado una metodología que permite generar una serie desde el año 1993, la que se publicó recientemente hasta el año 2014 en el Octavo Boletín sobre la Evolución de la Productividad Total de Factores en Chile. A partir de esta se puede analizar cómo ha variado la PTF en diversos períodos y compararla con otras economías.

Una primera constatación es que la PTF creció a una tasa promedio anual de 0,9% en el período 1993-2014. Debido a que para Chile los sectores de recursos naturales son importantes, y que estos sectores son altamente variables por factores naturales, es buena práctica analizar también lo que sucede con la PTF al excluir estos sectores. Con ello, en el mismo período, la PTF excluida la minería y electricidad, gas y agua, creció a una tasa mayor, de 1,5%. Al considerar el período previo a la crisis global de 2009, se observa que la PTF creció entre 2000 y 2008 a una tasa del 0,8%, y al excluir los sectores de recursos naturales, en un significativo 2,3% anual. ¿Puede ello considerarse bueno?

Comparemos estos números con otras economías. En su último informe de productividad, la OCDE señala que para un período largo similar al señalado para Chile (1995-2013) solo Corea e Irlanda nos superan, al crecer su PTF a una tasa de 2,9% y 1,6% anual respectivamente. Así, al considerar la PTF sin recursos naturales, Chile con un crecimiento de 1,5% supera a 18 de los 20 países de la OCDE considerados, mientras que la PTF al no excluir dichos recursos, crece más rápido en Chile que en 15 de ellos.

Al considerar el período previo a la crisis global, el crecimiento de la PTF de Chile al excluir recursos naturales supera a 19 de los 20 países OCDE, y a 14 países si no los excluimos, creciendo más rápidamente que Australia, Canadá o Nueva Zelanda, países con los que tradicionalmente nos comparamos. La conclusión que se deriva es que la tasa de crecimiento de la PTF de Chile en estos períodos ha sido muy buena en términos relativos a los países OCDE.

¿Qué sucede si consideramos solo el período más reciente: 2010-2014?

La PTF en Chile creció 1,5% anual al excluir los sectores de recursos naturales, siendo superado solo por Corea. Si no se excluye este sector en el cálculo, la productividad crece apenas 0,4% por año, superando a algo más de un tercio de los países OCDE, pero en este caso siendo superado por 11 países. Claramente la alta variabilidad del sector minero afecta los resultados de la PTF. En efecto, la persistente reducción de la ley -proporción de mineral en el material extraído- ha llevado a que la productividad del sector minero haya caído 10,5% promedio por año en ese período. Por ello es necesario separar este sector para comenzar a hacer análisis más en profundidad de lo que sucede con la PTF.

Chile lo ha hecho bien en los últimos 25 años en cuanto a lograr un crecimiento de su PTF por sobre la mayoría de los países con los que nos queremos comparar. Para el futuro, se abre una primera interrogante respecto de cómo enfrentar la alta variabilidad que se observa en el sector minero. La pregunta más relevante, sin embargo, es cómo mantener los logros y mejorarlos. No cabe duda que es más fácil ganar en productividad cuando el país es menos desarrollado.

En la medida que se explotan las ventajas más evidentes y que se adoptan las mejores tecnologías y las mejores prácticas, la tarea se torna más compleja. Cualquier propuesta en este sentido debe partir reflexionando sobre lo que hemos hecho bien, las amenazas a la productividad, y las políticas y sectores que pueden liderar el proceso de mejora de eficiencia. 

*Raúl O’Ryan es profesor Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez. Igal Magendzo es economista Pacífico Macroeconomía y Finanzas.

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