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Opinión

Solidaridad para los nuevos tiempos

PULSO 14/01/2016

Por Gabriel Cestau. La nueva composición social ha empoderado a las personas y potenciado la acción de la sociedad civil.

La convergencia de intereses múltiples es difícil, pero se resuelve con creatividad. Si nos paralizamos frente a los desafíos, no existirían los Prat, los Luther King o los Walesa. Construir un país nunca ha sido simple y la historia nos recuerda de contiendas; sin embargo, para avanzar hay que acoplar las diferentes posturas hacia un objetivo común. Los países que prosperan son aquellos donde la comprensión y la solidaridad se alzan por encima de todo, porque han advertido que las distintas partes pueden ser adversarias, pero no enemigas.

En las últimas décadas, nuestro país ha cambiado mucho. Hace 30 años, apenas el 20% de la población podía ser contada entre la clase media, mientras el 40% era pobre. Hoy, la pobreza todavía es significativa (14%), pero la clase media se encumbra por encima del 50%. En la misma línea, a principios de los ‘90 la educación superior tenía una matrícula de únicamente 250 mil personas, una cifra que en los últimos años se ha multiplicado por cinco.

La nueva composición social ha empoderado a las personas y potenciado la acción de la sociedad civil. Así por ejemplo, a mediados del siglo pasado era posible construir una refinería de petróleo en las costas de un balneario como Concón. Hoy sería imposible. Y enhorabuena que sea así.

Chile está cambiando y queda en nuestras manos conducir esa transformación por una senda constructiva. Porque la ingenua fe en el progreso secular hace tiempo que se probó incorrecta. Hoy somos plenamente conscientes de que en la historia hay avances y retrocesos. Depende de nuestro esfuerzo y creatividad que podamos minimizar los traspiés y potenciar los aciertos. Así, seremos capaces de construir nuevas instituciones clave para la estabilidad nacional, como lo ha sido el Banco Central.

Todavía tenemos la oportunidad de dar finalmente el salto al desarrollo, pero es imperativo que trabajemos juntos. En ese sentido, debemos pensar siempre en llegar a un consenso, fruto de un diálogo constructivo y sin mezquindad. La prosperidad de las sociedades se fundamenta en la convivencia en las diferencias, los acuerdos y el respeto mutuo. Ese es el camino por donde debemos transitar.

*El autor es economista Banco Santander.

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