Opinión

Servicios mínimos y automatización

PULSO 10/08/2017

Creer que las empresas invierten en tecnología y automatización de sus procesos sólo para tratar de perjudicar a los sindicatos y trabajadores, es insensato.

El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha dado una señal importante acerca de su concepción de los servicios mínimos, la que en principio parece ser más flexible que la establecida por la Dirección del Trabajo. Se trata de una materia que con la Reforma Laboral ya en régimen se ha convertido en un punto de debate e interpretación que de seguro se prolongará, debido a los innumerables casos diferentes donde hay que resolver.

Sin embargo, más allá de este intento de regular la heterogeneidad, la discusión pública ha servido para iniciar la revisión de una cuestión inevitable: los cambios en el trabajo por la tecnología y la sustitución por máquinas. La CUT ha exigido que este proceso sea definido como reemplazo y, por tanto, sea ilegal; el presidente de la CPC, Alfredo Moreno, ha contestado que los procesos de mayor tecnología son inevitables en la empresa moderna. Puede ser una paradoja, probablemente necesaria, que en el análisis del mercado laboral y el derecho a huelga se debatan aquellas materias que tanto faltaron en la tramitación de la Reforma Laboral.

Llama la atención que existan personas que aseveren que la automatización de los procesos y la inversión en tecnología están pensadas para afectar a los trabajadores o disminuir la fortaleza del sindicato. Pensar eso es simplemente no entender cómo funciona una empresa ni qué elementos mueven su toma de decisiones. La posición que ha adoptado la CUT es insensata. El fin de esta inversión es ganar eficiencia y, por ende, hacer más sostenible la vida de la empresa. La última palabra la tiene la Dirección del Trabajo, que resolverá esta duda a través de un dictamen. Es de esperar que prime una mirada más realista sobre cómo funcionan las empresas y qué están haciendo sus competidoras fuera de estas fronteras.