Francisca Junemann

Opinión

El sentido del trabajo

PULSO 06/10/2017

Por Francisca Jünemann. El aporte a la construcción del país y en dar oportunidades a las personas, debe ser propio de toda persona u organización.

En elCírculo Persona y Organización de Icare, tuvimos la oportunidad de escuchar a un economista que nos expuso un estudio de su consultora mostrándonos los resultados generales en temas de personas, como confianza y compromiso en empresas. Lo que más me sorprendió fue la evidencia de que los chilenos no estamos comprendiendo el sentido de nuestros trabajos.

Probablemente el objeto o motivo por el cual trabajamos sí lo tenemos claro, como tener ingresos para sostenernos a nosotros mismos y a la familia, entregar a los hijos una buena educación, pagar una salud de calidad, ahorrar para tener una jubilación y con ella una vejez digna…

Pero el sentido del trabajo mismo que realizamos (no de lo que podemos obtener con el sueldo o ingreso ganado) es lo que debemos comenzar a comprender para dar significado al día a día, desde que nos levantamos hasta que volvemos a la casa, a veces a descansar y otras, la mayoría, a seguir trabajando. Y es el sentido finalmente lo que nos permite que las tareas diarias dejen de ser percibidas como una carga que debemos sobrellevar en esta vida como un castigo por nuestra naturaleza caída. Una ayuda en esta búsqueda es la buena valoración que los chilenos tenemos del trabajo: “Desiguales”, el estudio del PNUD, mostró que el 93% cree que la mejor forma de progresar en la vida es emprender, capacitarse y trabajar duro.

Hace unos meses, participando en un seminario de organizaciones sociales de la Universidad Católica expusimos sobre la Fundación ChileMujeres y escuchamos a otras fundaciones narrar su misión. Es fácil comprender el sentido cuando se trabaja en una de ellas, porque nacen con un propósito claro de ayuda a sectores más vulnerables. Pero el fin trascendente-como un propósito para y por un otro distinto a mí mismo- no es exclusivo de las organizaciones sociales. El aporte a la construcción del país, en dar oportunidades a personas, en hacer de Chile una mejor patria, puede ser propio de toda persona y de toda organización.

Para dar sentido al trabajo, creo fundamental apreciar cada tarea y que todo trabajador comprenda el valor de su labor, valor que se entiende en la medida que es reconocido por los otros. Que no ocurra que porque es de menor jerarquía sea menos apreciado. Que toda persona perciba que es parte de una cadena y que sin el eslabón que es su trabajo, la cadena se corta, y así no cumple su función. Pienso que si logramos que quienes trabajan con nosotros se sientan parte de esa sucesión de grilletes que se sostienen unos a otros, estaremos transmitiendo el sentido y logrando que nuestros emprendimientos tengan un mejor nivel humano.

En el sector público esta visión es especialmente importante porque su esencia es la búsqueda del bien común. Así, un aporte importante en la construcción de un mejor país sería que el próximo Gobierno capacite a todos los funcionarios públicos no sólo en el tan necesario buen trato -como propuse en la columna anterior-, sino en el sentido y aporte del trabajo de cada uno de ellos en la vida de las personas y de Chile.

Por ejemplo, en el Ministerio de la Mujer comprender que todos son parte de un equipo indispensable en la cadena virtuosa que evita a una mujer ser víctima de violencia intrafamiliar e, incluso, que la puede librar de una muerte violenta. O bien, que el aporte de su trabajo es fundamental para que ella pueda tener mayor libertad mediante el despliegue de todas sus capacidades, terminando con barreras artificiales creadas por las leyes y las construcciones culturales.

Y así, en cada empresa, en cada ministerio y demás servicios de la administración pública, que sus líderes con carisma los impregnen del sentido de sus trabajos, que los inspiren, motiven, comenzando por reconocerles el valor de la tarea encomendada y con ello, además, reforzar su dignidad.

Conversando con una amiga, diseñadora de profesión y corredora de propiedades de oficio, me explicó: “Cuando se dio la oportunidad de trabajar en esto me pareció vacío, pero lo acepté para ganar más porque lo necesitábamos. Al poco tiempo empecé a ver que las personas tenían proyectos, sueños o penas; novios que se van a casar, parejas que buscan un espacio donde estar mejor, problemas económicos que los llevan a la necesidad de vender la casa en que criaron a todos sus niños, tristes separaciones… Esto me hizo poner el foco de mi trabajo en la historia que hay detrás de la búsqueda de una propiedad; en las relaciones humanas que conlleva y cómo yo puedo ayudar a sus sueños o en sus dolores. El sentir así mi trabajo me da alegría y mucha satisfacción”.

Ella encontró el sentido.

*La autora es abogada y co-fundadora Fundación ChileMujeres (www.chilemujeres.cl).