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Opinión

Secretario del directorio y gobierno corporativo

PULSO 07/04/2016

Por Carlos Martín Vergara. El rol del secretario del directorio debería en Chile asimilarse cada vez más al de un compliance officer jurídico-corporativo.

En los últimos años, y como consecuencia de situaciones que han sido de conocimiento y conmoción pública y en las que se ha cuestionado el gobierno corporativo de las empresas públicas y privadas como nunca antes en el país, poco se ha comentado de la tremenda importancia que tiene para una empresa contar con un secretario del directorio que planifique, dirija, organice y haga respetar al interior de la organización las normas sobre gobierno corporativo comprendidas en la legislación vigente, en las normas administrativas de la Superintendencia de Valores y Seguros, y sobre todo en las propias normas sobre autorregulación que el mismo directorio se ha impuesto para llevar adelante la administración de la compañía.

Lejanos están los días en que a un buen secretario del directorio se lo valoraba por lo bien que redactaba las actas y lo ordenados que llevaba los libros corporativos de la sociedad.

Esa visión del secretario del directorio -pasiva y administrativa- ya no se condice con las importantes tareas que las normas externas e internas de un buen gobierno corporativo le confieren a la administración ejecutiva de la sociedad.

La legislación nacional no tiene un tratamiento moderno de la figura del secretario del directorio, más bien lo soslaya, toda vez que no regula en específico su figura y con esto se aparta de la regulación societaria de la mayoría de los países de la OCDE.

Por lo tanto, en Chile han sido los usos y costumbres los que han llevado a determinadas compañías a confiarle paulatinamente determinados roles en lo que hace al gobierno corporativo de las mismas.

Por lo pronto, el secretario de directorio, quien suele ser en la mayoría de las veces el gerente legal o fiscal de la sociedad, es quien confecciona en coordinación con el gerente general de la compañía el orden del día o tabla de la sesión de directorio, para lo cual debe tener un acabado conocimiento de todos aquellos asuntos que deben ir a la sesión de directorio para información o la adopción de los acuerdos respectivos.

Lo mismo acontece con la preparación de las sesiones del comité de directores, donde no pocas veces y por no ser obligatoria la presencia del gerente general en la misma, es quien presenta tales asuntos a los miembros de dicho comité.

Es el secretario del directorio, considerando su necesario conocimiento en materias corporativas, quien suele ser la persona clave para considerar las obligaciones de información al mercado y a los organismos reguladores, velar por la transparencia de las operaciones entre partes relacionadas, resguardar en la práctica que los directores tengan toda la información disponible y proveerles o procurarles que se los provea por la sociedad de la información que soliciten.

En definitiva, el secretario del directorio debe o debería ser, dentro de la administración ejecutiva de la sociedad, el bastión de su gobierno corporativo, por lo que no sorprende que en algunas legislaciones su figura sea autónoma del gerente legal o fiscal de la sociedad, y que incluso en otras forme parte del propio directorio y no de la administración ejecutiva de la sociedad.

El rol del secretario del directorio en Chile debería asimilarse cada vez más al de un compliance officer jurídico-corporativo, desprendido de la figura del fiscal o gerente legal, dependiente del directorio y con responsabilidades legales específicas asimilables a un gerente general o a las de un director de la compañía en aquellas materias que deberían ser de su competencia.

Esta separación de funciones de aquellas que guardan relación con los aspectos estrictamente jurídicos del negocio y su dependencia del directorio, tal como acontece (o debería acontecer) con el gerente-contralor de la sociedad, debería llevar a un mayor control de la juridicidad de aspectos relevantes del gobierno corporativo, cuyo pilar fundamental lo constituirá siempre el interés social de la compañía.

Para que nuestras sociedades anónimas sigan en la senda de reforzamiento de sus gobiernos corporativos, creemos que debe consolidarse aun más la figura del secretario del directorio en el sentido que hemos señalado, para lo cual se requiere solo la voluntad de hacerlo por parte de las propias sociedades y fundamentalmente de sus controladores, sin que se requiera necesariamente en estos aspectos de enmiendas legales para ello. 

*El autor es abogado PUCV y doctor en Derecho Universidad de Navarra.