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Opinión

Reforma laboral, pero otra

PULSO 10/06/2016

Por Javier Pinto. En mi opinión, podemos ser optimistas en que este proyecto de reforma laboral no será implementado.

Aparentemente, el Gobierno seguirá el camino de la reforma constitucional que le permita avanzar en la titularidad sindical. Esto, sin embargo, es solo una manera de contentar a la dirigencia de la CUT. Es prácticamente imposible que se logre un cambio constitucional en esta materia, no solo por la falta de votos en el Parlamento, sino también porque con bastante seguridad lo que queda de este período presidencial se consumirá en las elecciones municipales y en la necesidad de ordenar la coalición de izquierda para enfrentar la elección del próximo Presidente. En mi opinión, podemos ser optimistas en que este proyecto de reforma laboral no será implementado. Sin embargo, esto no quiere decir que debamos olvidarnos de la necesidad de reformar. Si bien el reformismo es una bandera ideológica peligrosa, el momento político y social de nuestro país casi nos obliga a proponer cambios en materia laboral. De ahí que ahora, más que nunca, se haga imprescindible ser activos en la construcción de una nueva institucionalidad del empleo.

Para esto creo que es importante comprender que todos en Chile queremos más y mejores trabajos. En efecto, es de sentido común sostener que es deseable una mejora de las remuneraciones, de la seguridad laboral, de oportunidades de desarrollo, de una compatibilidad real entre el trabajo y la vida privada, etcétera. Lo que se echa en falta, sin embargo, es la necesidad de compatibilizar la obtención de estos beneficios con un aumento sistemático de la productividad. En otras palabras, la peor reforma laboral que podemos conseguir es aquella que no solo realza de manera desmedida un poder sindical únicamente orientado a los derechos laborales, sin mención de los deberes, sino también aquella que estanca la capacidad productiva de los trabajadores porque elimina una cultura de la producción y la innovación.

En este sentido, una nueva institucionalidad para el empleo en Chile podría establecer, por una parte, ciertos derechos laborales básicos y, por otra, una serie de beneficios exigibles por todos los trabajadores cuando ciertas metas de productividad hayan sido alcanzadas. Del mismo modo, sería interesante plantear la necesidad de que las empresas, más que entregar beneficios, estén comprometidas con establecer todas las condiciones necesarias para que sus mismos trabajadores puedan ser más innovadores, eficientes y efectivos. De este modo, y a diferencia del discurso de la CUT, así nos acercaríamos a una relación de colaboración entre empresas y trabajadores, y no seguiríamos avanzando en el camino de la confrontación y la lógica de trincheras que tanto daño le ha hecho a la convivencia nacional. Muchísimos ejemplos de esto hay en el mundo asiático. Tal vez podamos mirar con atención el desarrollo del empleo en países como Japón, Corea del Sur, Singapur o Taiwán, entre otros.

* El autor es profesor de ética empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.