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Opinión

¿Realmente cambió el mundo?

PULSO 20/01/2016

Por Álvaro Pereyra. Sea cual sea nuestro escenario base para 2016, da la impresión de que el ajuste bursátil global no es más que un berrinche inicial.

Hace más de un mes la Reserva Federal (Fed) dictaminó el término de la crisis financiera y económica que aquejó a EEUU los últimos siete años al subir por primera vez, en casi una década, su tasa de instancia monetaria en 25 puntos base aduciendo que la economía se encontraba cercana al pleno empleo. Un par de semanas antes, el Banco Central Europeo (BCE) había extendido su programa de liquidez y las autoridades japonesas, un par de horas después de conocer la decisión de la Fed, también ampliaron su programa, ambos en pos de reactivar sus economías.

Por su parte, las autoridades chinas aparentemente han logrado estabilizar su mercado bursátil habiendo no solo rebajado su tasa de política monetaria en octubre, sino también su tasa de encaje bancario con el afán de mantener su crecimiento cercano al 7%.

En Latinoamérica, a diferencia de lo que se venía plasmando en el resto del mundo, varios bancos centrales tuvieron que adoptar alzas en sus tasas de instancia para contener presiones inflacionarias altamente impactadas por la depreciación de sus paridades cambiarias frente al dólar. Sin embargo, con caídas bursátiles promediando 9% a nivel mundial en 2016, la pregunta es: ¿realmente ha cambiado la dinámica económica mundial frente a un alza marginal de tasas en EEUU como para que los agentes de inversión hayan optado por salirse de la renta variable de forma despavorida?

Durante el cuarto trimestre del año anterior la economía estadounidense presentó una serie de condiciones que llevaron a que los inversionistas retail optasen por liquidar fondos de renta variable en montos similares a los registrados hacia finales de 2012, alcanzando ventas netas del orden de US$70 mil millones. En aquel momento el sector industrial se venía desacelerando mientras que el manufacturero había perdido dinamismo entrando en fase contractiva. Ambos influidos por la apreciación del dólar a nivel mundial, que le restaba competitividad al país. Sin embargo, por el otro frente, la inflación subyacente, liderada por incipientes presiones inflacionarias salariales, había trepado hacia 2%, ya que la economía venía generando 221 mil puestos de trabajo por mes promedio durante todo el año. La demanda interna se acababa de expandir 3% el tercer trimestre del año y al caer el precio de la gasolina hacia US$2 el galón, el consumo continuaría expandiéndose saludablemente. Esto llevo a que la Fed, con la tasa de desempleo en 5% y el consumo creciendo gradualmente, optase por empezar el ciclo de alza de tasas para contener cualquier futuro desanclaje inflacionario.

En días recientes varios miembros del instituto emisor han argumentado que el ciclo continuará el año el curso, ya que el escenario base con el cual sigue operando la economía no ha cambiado. Evidentemente, en semanas recientes se han modificado a la baja las expectativas de las utilidades proyectadas para las empresas multinacionales, producto de la caída del petróleo por debajo de US$30 el barril, la apreciación del dólar y un menor crecimiento económico global; sin embargo, uno podría argumentar que estos resultados venían demasiado optimistas.

Tanto en Europa como Japón, las medidas de sus bancos centrales están generando los resultados esperados. En ambos casos sus tasas de desempleo han cedido y sus economías vienen expandiéndose del orden de 1,5%. En el caso europeo, las principales economías registran expansiones manufactureras y Alemania creció a su nivel más acelerado en cuatro años. En Japón la economía también viene creciendo de manera gradual, luego que su PMI compuesto (que incluye a sectores de servicios y manufactura) se situase en fase expansiva. En ambos casos sus autoridades monetarias una y otra vez vienen señalando que harán todo lo necesario para inyectar mayor liquidez para revertir cualquier tendencia deflacionaria y encaminar sus tasas inflacionarias hacia 2%, respectivamente.

En China hay que disociar lo que ocurre en el mercado bursátil con los fundamentales macroeconómicos. Por ahora, la economía china sigue creciendo cercana a 7% liderada por la demanda interna. A su vez el Banco Central tiene innumerables grados de libertad monetaria, ya que la inflación sigue en torno a 1,6% mientras su tasa de política monetaria sigue girando en 4,35%. Sin duda la caída bursátil, cercana a 18% en 2016, es relevante; no obstante, el efecto riqueza que tiene sobre la demanda de la economía china difiere sustancialmente de los países desarrollados, porque el mercado bursátil chino representa una parte minúscula de dicha economía.

En Latinoamérica, la dinámica económica está cambiando; en la medida que sigan cayendo los precios de los commodities, sus países tienen menos ingresos. Esto se ha traducido en depreciaciones cambiarias que han tenido impacto inflacionario. No obstante, los precios de los commodities vienen cediendo gradualmente hace más de un año, permitiendo que dichas economías se vayan adaptando de forma gradual sin dislocar sus economías. Sin duda Brasil es un caso aparte, pero el resto de Latinoamérica sigue en buen pie.

En conclusión, sea cual sea nuestro escenario base para 2016, da la impresión de que el ajuste bursátil global no es más que un berrinche inicial, ya que por ahora es difícil prever que la economía mundial haya sufrido un cambio fundamental en solo un mes luego de que la Fed subiese su tasa de instancia monetaria marginalmente.

*El autor es gerente general de BCI Securities en Estados Unidos.

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