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Opinión

¿Es el Papa un “cura rojo”?

PULSO 14/11/2017

Por Javier Pinto. La crítica liberal chilena se basa principalmente en dos argumentos: este es un Papa ideológicamente anticapitalista y sus palabras en materia de economía están equivocadas porque no tienen respaldo empírico suficiente.

Desde su elección hasta la fecha, el Papa Francisco no ha pasado inadvertido en materia de opinión social, económica y política. Ahora bien, en atención a su próxima visita a nuestro país, hay algunas cuestiones que parecen relevantes de tratar antes de su llegada.

Algunos propagandistas liberales chilenos han hecho eco de la crítica libertaria norteamericana. Con especial énfasis en las publicaciones de diversos libros sobre la materia (como Pope Francis and the caring society) o de la opinión de economistas que se consideran católicos, algunos de nuestros liberales se han inclinado por manifestarse contrarios al Papa antes de comprender bien cuál es la posición desde la cual Francisco habla.

De modo general, la crítica liberal chilena se basa principalmente en dos argumentos: este es un Papa ideológicamente anticapitalista y sus palabras en materia de economía están equivocadas porque no tienen respaldo empírico suficiente, todo lo cual se debería a una suerte de influencia cultural peronista: “A Francisco le pesa lo argentino”. Este sería un Papa influido por un espíritu de izquierda muy propio de la cultura argentina de su época, a lo que se suma el eventual acercamiento de Francisco a la llamada “teología del pueblo”, que lo entronca todavía más en una visión crítica del capitalismo. En fin, habría que decir que en el caso de Francisco, su postura frente al capitalismo es propia de un jesuita argentino formado en el siglo XX.

Sin embargo, tal encasillamiento de la postura de Francisco muestra una suerte de ignorancia en relación al discurso del líder de la Iglesia Católica. Esto es así al menos por dos razones.

En primer lugar, es más acertado decir que el Papa está más en la línea de la Doctrina Social de la Iglesia que del peronismo. No es posible sostener que la interpretación de Francisco de la función del capitalismo es algo distinta de la que ha propuesto el Magisterio Social de la Iglesia Católica. Basta recordar las palabras de Juan Pablo II. El Papa polaco se encargó de hacer ver la existencia de un capitalismo salvaje.

En este sentido, yo les recomendaría a los que consideran al actual pontífice como un fiel representante de “curas rojos”, que leyeran con detención la Laborem Exercens y la Centesimus Annus antes de añorar un “Papa de derecha o más capitalista”. El Papa no es más de izquierda o derecha, sino un Papa que, ajustado a sus tiempos, cumple el rol de pastor e indica de acuerdo con la tradición del pensamiento social de la Iglesia lo que es coherente o no con el mensaje evangélico. Basta revisar sus distintos discursos y recomendaciones a empresarios y trabajadores, que tienen de pros y contras sobre el comportamiento de la empresa y del mercado. Es muy difícil, en este sentido, decir que este es un Papa más de izquierda, pues una crítica como esta no dice relación con la finalidad del pontificado, ni tampoco con una visión general de todos los discursos y prédicas de Francisco.

En segundo lugar, en materia de teología moral -que es el ámbito donde el Papa se mueve- el respaldo de la investigación empírica ayuda a explicar los argumentos en materia de moral económica, pero no es una cuestión decisiva. Muchos críticos del pontificado cometen el habitual error de interpretar argumentos propios de otra ciencia (en este caso la moral social) a la luz de sus propios principios científicos (que en este caso es la economía).

Los argumentos del Papa no deben esgrimirse en el ámbito de la economía positiva, sino de la ética económica. En este contexto, caben consideraciones legítimas, que no requieren sustento empírico, que hacen referencia al sentido de la vida, el principio de bien común, la solidaridad, la participación, etcétera; todos ellos principios rectores para los cuales el sistema capitalista debe servir como un instrumento, pero no como una finalidad.

En este sentido, la Iglesia ha hecho ver en innumerables ocasiones que el uso del capital no está per se reñido con la moral, sino que puede generar tanto beneficios como daño social dependiendo del modo cómo se lo utilice. Así, por ejemplo, la crítica a “la política del chorreo” no implica una negación de los beneficios del sistema capitalista, sino una crítica al modo cómo el uso del capital puede sustentarse sobre una dinámica social que desprecia una necesaria actitud de solidaridad. Es en este sentido como se debe explicar que el dinero se convierte en el estiércol del demonio -como dijo Francisco hace algunas semanas en Santa Marta-, es decir, cuando se lo utiliza como aquel que lo transforma en un ídolo (en un becerro de oro), es decir, que le da características de fin último, no de medio.

En fin, al Papa se le ha dicho muchas veces que “pastelero a tus pasteles”, porque no sabe de economía; o al menos de economía positiva. Pero la crítica también puede ser al revés, pues al crítico del Papa también se le puede decir que, si no sabe de Doctrina Social de la Iglesia, mejor no se pronuncie.

*El autor es profesor de Ética Empresarial Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.