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Opinión

Optimismo

PULSO 29/01/2016

Por Gonzalo Blumel. Puesto en simple, el próximo Gobierno entrará con los pies y las manos totalmente amarradas.

Falta poco más de un mes para que se cumpla la primera mitad del segundo mandato de la Presidenta Bachelet. Y el balance definitivamente es muy pobre. Si bien ha habido algunos avances, como el Acuerdo de Unión Civil, el estado anímico del país revela una fuerte disconformidad con la conducción gubernamental. En estos casi dos años la percepción de que vamos por buen camino ha caído brutalmente, de 78% a 26% (Cadem), mientras la sensación de estancamiento se ha incrementado a un record nunca antes visto del 64% (CEP). A ello se suman los peores índices de aprobación presidencial desde el retorno a la democracia; ya son diez los meses consecutivos con niveles de apoyo por debajo del tercio y las reformas emblemáticas sufren un persistente rechazo.

Y no podía ser de otra forma. La gente se ha dado cuenta que el país casi no está creciendo -si consideramos los pronósticos para este año, tendremos el peor trienio en tres décadas- y el déficit fiscal se está acumulando de manera acelerada. La situación del erario público se ha vuelto tan compleja que, incluso, la misma Dirección de Presupuestos reconoce que en los próximos años no habrá ninguna holgura para incorporar nuevos programas. Puesto en simple, el próximo Gobierno entrará con los pies y las manos totalmente amarradas, situación inédita en los últimos 25 años. Ni hablar de la desprolijidad con que se está gobernando. La gratuidad ha logrado exasperar a todos los actores (¿quién la defiende?), el plan de inversiones hospitalarias ya se sabe que no se podrá cumplir (aunque se simula lo contrario), y ni siquiera existe el pudor de llenar las vacantes que se van generando en la administración (a la fecha están descabezadas las subsecretarías de Redes Asistenciales, Economía, Cultura, Sernam y Derechos Humanos).

¿Cómo seguirá esta historia? Lamentablemente, no se vislumbran mayores cambios. Pese a todas las señales, incluida una economía mundial más que sombría, la Presidenta sigue tozudamente aferrada a su hoja de ruta. Tampoco se vislumbra en el gabinete algún liderazgo en condiciones de enmendar el rumbo. Y a medida que nos acerquemos a un nuevo ciclo electoral, las tensiones y disputas en la Nueva Mayoría solo se irán intensificando. En cualquier caso no nos queda más que ser optimistas, porque como decía Churchill, no es muy útil ser otra cosa.

*El autor es director ejecutivo Fundación Avanza Chile – (@gblumel).

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