Opinión

No a HidroAysén

PULSO 14/11/2017

El Estado -con gobiernos de colores distintos- tuvo un rol vacilante a la hora de decidir una política energética de largo plazo. Es de esperar que no sea una factura a largo plazo para el desarrollo.

Aunque ya nadie creía que el proyecto hidroeléctrico HidroAysén fuera viable, la confirmación del término de la iniciativa deja un conjunto de lecciones que se deben considerar.

Lo primero es que el Estado y la sociedad renuncian a una fuente de energía limpia y renovable por consideraciones ambientales y la influencia de grupos de presión; sólo la historia larga dirá si se trata de una decisión correcta o si se ha perdido la oportunidad de contribuir a disponer de energía más limpia y autónoma, privilegiando la generación térmica y las energías renovables no convencionales (ERNC), en circunstancias que estas últimas aún son una apuesta y están en discusión sus costos y su seguridad de producción.

También HidroAysén es una experiencia que obliga a evaluar el rol que jugó el Estado y la regulación legal -hubo vacilación, dilación y contramarchas en gobiernos de signo distinto- a la hora de decidir acerca de una política energética. Pareció incluso imponerse una preocupación simplemente paisajística más que ambiental.

Es de desear que la renuncia de los controladores del a esta altura fallido proyecto HidroAysén, no sea una factura a largo plazo para el desarrollo.