FRANCISCA JÜNEMANN 2017

Opinión

Mis esperanzas y temores para este año 2018

PULSO 18/01/2018

Por Francisca Jünemann

CREO QUE este 2018 empezó muy bien. Y esto, gracias a un inesperado fin de 2017 con vencedores y vencidos que tuvieron gestos a una altura que sorprendió.

Después de unas agotadoras e inciertas primera y segunda vuelta presidencial, en que muchos nos preocupamos por la liviandad con que algunos estaban incitando al odio entre los chilenos (como si con la paz de Chile se pudiese jugar), se vieron por fin buenas señales. Vimos a un Guillier en su mejor momento, enfrentando la pérdida en forma digna y logrando un discurso del mejor nivel. Alejandro Guillier fue sin duda un buen perdedor y ojalá se recuerde de su campaña sobre todo esta última intervención, visitando junto a su mujer a Sebastián Piñera y Cecilia Morel, y reconociendo sin resentimiento ni acidez la contundencia del triunfo de su contendor.

Por su parte, el Presidente electo en el discurso de victoria reforzó lo que ya muchos veíamos como la gran fortaleza de su campaña: el énfasis en la necesidad de unidad nacional y de trabajo transversal entre todos para construir un mejor país. Se mostró convocante, inclusivo, sin soberbia, con humildad. Luego, la conversación telefónica entre la Presidenta de la República y Sebastián Piñera no fue sino otra muestra de respeto a nuestras tradiciones y a las buenas costumbres republicanas. Ver el esfuerzo de una Presidenta devastada -no sólo porque el candidato de su sector perdió, sino especialmente porque se cometió el error de plantear la segunda vuelta como un plebiscito a sus reformas- nos permitió conocer un poco más el carácter de esta mujer, la primera y dos veces Presidenta de Chile. Estas señales y gestos fortalecidos por la prontitud en la gestión del Servicio Electoral, llenaron a los chilenos y chilenas de orgullo y a muchos extranjeros de admiración.

Se suma a este ambiente el que los partidos políticos de Chile Vamos hayan hecho entrega de propuestas de nombres para el futuro gabinete y otras reparticiones del Estado, en un proceso donde no se han visto, hasta el momento, codazos ni zancadillas.

Sin embargo, hay cosas que me preocupan. Me preocupa, por ejemplo, lo poco que se habla de cómo gobernar internamente a los ministerios; de cómo quienes los lideren deben tener el carisma para aunar en torno al sentido del trabajo, y que así cada uno de los funcionarios públicos que sigan ahí -una mayoría no afín políticamente con quien será su nueva autoridad- puedan aportar desarrollando todas sus capacidades, y no se atrofien intentando ser tan sólo una resistencia de cuatro años. Y de cómo es necesario que quienes ocuparán los nuevos cargos de responsabilidad en el Estado, lleguen a ellos con humildad y empatía, comprendiendo que los cambios son difíciles para las personas y que el trato digno y respetuoso es un principio intransable, para entregarlo como para recibirlo.

Me inquieta también que -pese a los acertados indicios dados a conocer de una conformación equilibrada del futuro gabinete- se recurra a alcaldes, diputados o senadores electos o en ejercicio para instalarlos en nuevos puestos de la administración del Estado, pasando a llevar la voluntad de quienes votaron por ellos.

UNA VEZ, una mujer nos escribió: “Gracias Fundación ChileMujeres por ser la voz de quienes no tenemos voz”. Las elecciones democráticas de autoridades son las únicas oportunidades de las personas “comunes y corrientes” para decidir por su país; de ver que su opinión manifestada a través de su voto tiene el mismo valor de quien, por ejemplo, es su jefe o el dueño de la empresa donde trabajan. Ojalá se respete a quienes no han tenido más voz que el haber elegido a su alcalde, a un diputado o un senador que los represente; y que de recurrir a ellos, sean decisiones excepcionales, por las características de un liderazgo indispensable para una función de gobierno.

Finalmente, me intranquiliza pensar que parte del Congreso se pueda transformar en una fuerza de oposición concentrada en cómo boicotear las iniciativas legales del Ejecutivo; que a algunos o a varios de sus miembros se les olvide el mandato que los ciudadanos les depositaron y no sean coherentes con su promesa de trabajar por mejorar la vida de quienes confiaron en ellos. Si, por el contrario, los parlamentarios de la futura oposición se transforman en una fuerza colaborativa y con mirada trascendente, y vemos a un nuevo Gobierno que no transa en su propósito de unidad nacional, sentido social y trabajo transversal, tengo fuertes esperanzas de que este no sólo será un gran año, sino un gran ciclo para Chile.

Aprovechando los cambios que vienen, deberíamos intentar también una nueva forma de trabajar entre todos. Las organizaciones de la sociedad civil podemos ser un efectivo puente entre el sector privado y el sector público, como también entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, sumando voluntades para lograr las reformas que necesitamos en la construcción de una sociedad más justa, con más oportunidades para grupos desplazados, como son nuestros niños, adultos mayores y mujeres.

*La autora es abogada y cofundadora Fundación ChileMujeres.