Opinión

Mensaje a la Nación con el mismo rumbo y sin rectificaciones

PULSO 23/05/2016

La mandataria habló de mayor diálogo, de más confianza y de recuperar el crecimiento, pero no dio espacio para moderar su programa refundacional.

Como casi nunca antes, la cuenta anual a la Nación, hecha el sábado 21 de mayo por la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, ante el Congreso Pleno, fue un amplio balance del ejercicio anterior, con algunas pinceladas y prioridades sobre el futuro. La obra gruesa, como han llamado en La Moneda al proceso de profundas reformas impulsadas por el Gobierno, entró en etapa de terminaciones y ya no hay espacio para grandes anuncios. Sobre todo cuando la comparecencia de la mandataria en Valparaíso se hizo en un escenario económico doméstico deteriorado, tanto por la desaceleración internacional como por la mala calidad de las reformas emprendidas, las que han mermado la confianza del sector privado, principal motor de la inversión y del crecimiento, y de la opinión pública, que evalúa mal -todas las encuestas así lo señalan- el conjunto de cambios impulsados por la administración.

La jornada era esperada con especial interés por el mundo político y empresarial, especialmente por las señales que Bachelet podría enviar. Y así fue. La Presidenta hizo un tímido mea culpa sobre la forma en que han sido impulsados los cambios y llamó a todos los actores a desarrollar un clima de mayor diálogo, para recuperar la senda de crecimiento económico. Sin embargo, insistió en que la ruta de reformas estructurales iniciada desde su regreso al Ejecutivo no tiene retorno, lo que echa por tierra la visión de los más optimistas, que aún veían espacio para la moderación, en especial en temas que todavía siguen abiertos, como lo laboral, la educación y el debate sobre una nueva Constitución.

Las buenas intenciones del Gobierno, que se expresan en ofrecer más diálogo, chocan contra un muro de concreto cuando la mandataria advierte que ni el enfriamiento de la economía ni la desconfianza en la política serán obstáculos para detener o desviar el paso hacia su meta final. Aquí, la Presidenta hace oídos sordos y da la espalda a la realidad y a la ciudadanía. Es precisamente este escenario el que debe llevarla a corregir y cambiar de dirección, y no insistir en cambios refundacionales que son reprobados por la gran mayoría de los chilenos.

Espacio aparte merece el fuerte llamado de atención hecho a la oposición por el camino tomado por esta en el debate constitucional. La ruta del disenso no es aceptada en Palacio, pese al irregular y más que discutible proceso que busca dotar al país de una nueva carta fundamental.

Y así como llamó la atención la nula sintonía con complejos problemas como el de la Araucanía -omitido en el discurso- también no dejó de ser curiosa la intención de insistir con la creación de la AFP estatal, instancia que en nada resuelve las bajas pensiones de los chilenos y que tras las licitaciones de carteras de afiliados tampoco introduce más competencia.

En síntesis, el Gobierno dejó pasar una nueva oportunidad para enderezar el rumbo y optó por seguir haciendo guiños al ala más radical de su coalición, en vez de ajustar sus planteamientos y apostar de una vez por todas al crecimiento, base fundamental e insustituible para mejorar la calidad de vida y el bienestar de todos.