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Opinión

Líneas de transmisión y oposición ciudadana

PULSO 27/01/2016

Por Hugh Rudnick. Las líneas de transmisión son un requisito fundamental e ineludible para interconectar las fuentes de generación con la demanda. La energía solar que vendrá del Norte Grande exigirá de corredores.

El oportuno desarrollo de líneas de transmisión eléctrica es una componente central de la recientemente formulada política energética del Gobierno. Transmitir las energías renovables a lo largo del país es una necesidad creciente para lograr una matriz energética más limpia y amigable con el medioambiente.

Sin embargo, esto no está exento de dificultades. Algunas comunidades en el país han cuestionado el trazado de líneas de transmisión, argumentando que, entre otros aspectos, su campo electromagnético puede afectar la salud de las personas. La línea Melipeuco-Freire, la línea Polpaico-Cardones y la subestación La Palma en Quillota son algunas de las instalaciones recientemente cuestionadas.

Se originó mucha discusión y análisis científico en los años ’60 y ’70 sobre los posibles efectos nocivos de la exposición de los campos electromagnéticos sobre la salud, particularmente en Estados Unidos. Se realizaron diversas investigaciones y estudios estadísticos, investigaciones que continúan a la fecha. Igual que en los ’60 y ’70, los estudios recientes no logran demostrar que dichos campos electromagnéticos provoquen enfermedades. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que no se ha demostrado el efecto cancerígeno de las líneas ni en personas ni en otros seres vivos.

Los países igual han tomado medidas para reducir el riesgo de exposición y contacto directo con las líneas de transmisión. La protección pasa por definir franjas de seguridad de las líneas que minimicen la intensidad de campo en el entorno, además de evitar daños directos a las personas. Se prohíbe que existan construcciones habitables dentro de la franja de seguridad de una línea.

En Colombia el ancho de la franja debe ser de 65 metros para una línea de 500 kV, en Australia es de 76 metros y en EEUU y nuestro país es de 60 metros, en promedio, para la misma línea de 500 kV.

La ciudadanía debe estar consciente de que hay otros equipos eléctricos de uso diario que pueden alterar su entorno, ya sea porque producen importantes campos electromagnéticos, o utilizan frecuencias extremadamente altas para su operación, como por ejemplo la telefonía celular. De hecho, y según mediciones de campos electromagnéticos realizadas por el National Institute of Environmental Health Sciences, de EEUU, y la OMS, electrodomésticos de uso común, tales como el secador de pelo, la máquina de afeitar, el horno microondas, la aspiradora, entre otros, crean campos electromagnéticos de magnitud comparable a los medidos en líneas de alta tensión a 30 metros de distancia. Más aun, el efecto producido por las líneas de distribución instaladas en las calles es comparable con el de las líneas de transmisión. Sin embargo, tampoco se ha demostrado que tales elementos de uso común produzcan efectos nocivos en la salud.

Las líneas de transmisión son un requisito fundamental e ineludible para interconectar las fuentes de generación con la demanda a lo largo del país, dada nuestra geografía. El gran desarrollo renovable solar que se anticipa en el Norte Grande exige corredores que permitan transmitir dicha energía a la zona central. En ese contexto, la necesidad de un desarrollo armónico de las líneas de transmisión con el entorno es crecientemente reconocida en el país, desarrollo armónico que se debe continuar cautelando, como lo indican la propuesta de regulación de la transmisión y la política energética del Gobierno.

*El autor es ingeniero civil.

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