Opinión

La paradoja del capital que fluye cuesta arriba: Un nuevo planteo

Blog del FMI 09/03/2017

Según la teoría económica básica, lo natural sería que  el capital fluyera desde países ricos que crecen lentamente hacia países pobres que crecen más rápido a fin de captar más rentabilidad. Hace una década, nuestros ex colegas del Departamento de Estudios Eswar Prasad, Raghuram Rajan y Arvind Subramanian analizaron por qué ocurría lo contrario: en general, el capital fluía “cuesta arriba”, desde los países más pobres hacia los más ricos. Inspirados en el trabajo seminal de Robert Lucas, postularon que ciertas características de los países más pobres, tales como la mayor debilidad de las instituciones y el menor nivel educativo, pueden reducir el rendimiento de la inversión local ajustado en función del riesgo.

En este blog, nos replanteamos la paradoja del capital que fluye cuesta arriba y analizamos sus implicaciones para la formulación de políticas. Demostramos que ese fenómeno se intensificó antes de la crisis financiera internacional pero cambió de sentido en los últimos tiempos. Ese vuelco se debe a varios factores, pero dado que la política monetaria de las economías avanzadas más importantes previsiblemente se normalizará y que la incertidumbre en torno a sus políticas se ha agudizado, es poco probable que la circulación de los capitales cuesta arriba experimente un cambio profundo y persistente. De cara al futuro, las economías emergentes y en desarrollo deberían continuar centrándose en políticas que realcen los beneficios de las entradas de capital, moderen la volatilidad de flujos de capital e impriman a los mercados financieros nacionales más resiliencia y profundidad.

Cambios en la asignación internacional del capital

En los años previos a la crisis, las economías avanzadas recibieron, como grupo, grandes  y continuas entradas netas de capital. La contracara de esas entradas fueron salidas voluminosas y crecientes de capital de los países en desarrollo

—sobre todo de China, el más grande del grupo, que se estaba integrando a la economía mundial— y de los exportadores de materias primas, beneficiarios de un boom de precios. Durante este período, el factor que predominó en las salidas de las economías en desarrollo fue la acumulación de reservas oficiales de divisas.

Desde la crisis, esa paradoja ha desaparecido. Las empresas y los hogares de las economías avanzadas recortaron su deuda, lo cual mermó la inversión y redujo la entrada neta de capital. Al mismo tiempo, disminuyeron las salidas de capital de las economías en desarrollo, ya que China comenzó a reequilibrar su economía hacia el consumo interno y el auge de los ingresos de los exportadores de materias primas tocó fin. La desaceleración y el cambio de sentido de capitales, que dejaron de fluir cuesta arriba, reflejaron en gran medida los movimientos de las reservas oficiales de divisas, que comenzaron a registrar una disminución global hace unos años. De hecho, desde 2014, los flujos privados netos destinados a los países en desarrollo pasaron a ser negativos, como lo documenta un estudio del FMI; su contracara fueron las entradas generadas a medida que los bancos centrales deshicieron sus posiciones en activos externos.