2161277_500.jpg

Opinión

La libertad y la titularidad sindical

PULSO 19/05/2016

Por Álvaro Iriarte. Una de las razones de la no-afiliación a sindicatos radica en la existencia de agendas políticas o electorales que van mucho más allá de las relaciones laborales concretas.

El fallo del Tribunal Constitucional recaído en la ley que aprobó la denominada “reforma laboral” ha marcado la pauta noticiosa y la agenda pública. Pero la discusión de fondo radica en determinar quién es el titular de los derechos y deberes laborales, especialmente en relación con la negociación colectiva. Mientras los partidarios de la libertad laboral creemos que el titular es el trabajador, los promotores del socialismo, en cualquiera de sus vertientes, sostienen que es el sindicato.

Sin lugar a duda los sindicatos, como manifestación de la sociedad civil, están llamados a desempeñar un rol relevante en las relaciones laborales, pero es muy distinto atribuirles una suerte de preeminencia o monopolio sobre los propios trabajadores. Los sindicatos, como tantas otras expresiones de la asociatividad, son manifestaciones de la libertad de asociación y reunión; y por tanto resulta ilógico que se obligue directa o indirectamente a los trabajadores a formar parte de un sindicato. En el caso de la reforma impulsada por el Gobierno, la llamada titularidad sindical y la extensión de los beneficios solo a los trabajadores sindicalizados eran los mecanismos que buscaban coaccionar la incorporación a dicha organización. Estos incentivos buscaban aumentar la tasa de sindicalización a toda costa, vulnerando libertades y garantías constitucionales de las personas.

En este mismo sentido, una de las razones de la no-afiliación a sindicatos radica en la existencia de agendas políticas, que van mucho más allá de las relaciones laborales concretas. No es de extrañar que se utilicen los sindicatos como plataformas políticas y electorales, así como tampoco que el actual presidente de la Cámara de Diputados haya ingresado hace un tiempo un proyecto de ley que busca reformar la Constitución, para permitir a los dirigentes sindicales postular al Congreso sin tener que renunciar a su cargo gremial. Quizá esto explica en gran medida porqué miles de chilenos prefieren no afiliarse a un sindicato.

Esta discusión no es exclusiva del debate nacional. Un buen ejemplo de ello es Estados Unidos, donde ha surgido con fuerza un movimiento que busca reivindicar el poder de negociación como derecho de los trabajadores y no de las cúpulas sindicales (Right to Work), resguardando ante todo la libertad de pertenecer a una agrupación sindical. En los últimos años varias asambleas estatales han aprobado legislación tendiente a fortalecer los derechos de las personas ante las pretensiones de los líderes sindicales, y los resultados están a la vista: menores tasas de desempleo, mayor inversión, disminución de líderes y dirigentes sindicales radicalizados, por nombrar algunos efectos.

La reflexión final: en una sociedad libre, la afiliación a una agrupación sindical siempre debe ser una decisión libre del trabajador, nunca una imposición. Quienes creen en la necesidad de un movimiento sindical fuerte están en todo su derecho a promoverlo, pero jamás a expensas de sacrificar la libertad de los individuos. Imponer la afiliación a un sindicato vulnera además la libertad de conciencia, pues es perfectamente legítimo decidir participar o no hacerlo en una organización de este tipo. 

*El autor es director de formación Instituto Res Publica (@AIriarteBaron).