Opinión

La inestabilidad política mundial

PULSO 11/01/2016

Cabe preguntarse qué pasa con los organismos multilaterales y qué rol tienen en estas crisis.

Casi no hay semana en que el mundo viva tranquilo ante el asedio de la violencia, la amenaza terrorista de fanáticos o de países que se niegan a circunscribir su accionar a un orden global de paz y democracia. La opinión pública observa con estupor los actos violentos que día a día surgen en la periferia de Occidente como en su propio corazón, generando un clima de temor como nunca antes. Tras el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York todo pareció cambiar y los actos terroristas contra blancos civiles se han multiplicado. Algunos disfrazados de defensores de la religión. Otros por problemas raciales y étnicos, y unos cuantos como reflejo tardío de la Guerra Fría. El temido y sanguinario Estado Islámico, la violenta dictadura siria, los incombustibles caudillos africanos y el curioso líder de Corea del Norte, entre otros, son fiel reflejo de que la globalización y el nuevo orden mundial no han podido terminar con estos flagelos. Por el contrario, han debido convivir con ellos. Entonces la pregunta que cabe hacerse es qué pasa con los organismos internacionales y qué rol están jugando en estas crisis. El desprestigio de estas instancias ha llegado a tal nivel que hoy pocos toleran que cientos de funcionarios con rango diplomático, que cobran altos sueldos y viáticos, y con exclusivas regalías, no logren hacer frente a estas situaciones y prácticamente se dediquen a hacer solo condenas públicas que no pasan de la retórica.

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