Opinión

La evolución de las empresas: la supervivencia del más abierto

PULSO 20/02/2017

Por Roberto Musso. Las organizaciones deben comprender que, si pretenden sobrevivir en esta era digital, deben estar dispuestas a probar alternativas a sus formas de operar.

La innovación es el nuevo color negro. Las nuevas tecnologías digitales han transformado la forma en que nos desenvolvemos día a día. Personas, entidades financieras, gobierno, medios y empresas han vivido la transformación digital en carne propia y es un hecho que solo sobrevivirán las que mejor se adapten a este entorno digital, globalizado y con usuarios que no aceptan niveles inferiores de servicio a los que observan en sus apps favoritas. Por si fuera poco, la dinámica de innovación sigue acelerándose. Grandes empresas bajan y startups suben. Está muy claro que gracias a la caída de los costos de transacción, la economía del futuro estará basada en redes de pequeñas empresas y no en grandes corporaciones. Buena noticia para los emprendedores.

Todo muy bien, pero es muy fácil observar que en Chile no podemos mantener el ritmo del cambio porque carecemos de los niveles requeridos de colaboración entre empresas, universidades y startups. Las grandes empresas se mueven muy lentamente puesto que no tienen incentivos para ir más rápido, sus estrategias no consideran el nuevo marco digital, los clientes están descontentos, las universidades muy desconectadas y nuestros startups, desfinanciados. Debemos hacer un cambio estructural y el camino es la colaboración.

La adaptación de una empresa a un entorno radicalmente diferente exige modificaciones profundas en la manera de pensar los negocios, dirigir equipos y gestionar procesos para lograr una base estructural flexible capaz de adecuarse iterativamente al cambio radical y continuo. Todo empieza a recordarnos a Darwin.

Las organizaciones deben comprender que, si pretenden sobrevivir en esta era digital, deben estar dispuestas a probar alternativas a sus formas de operar con las que hasta ahora estaban muy cómodas. Me refiero no sólo a nuevas soluciones tecnológicas o modelos de negocios, sino a dinámicas de innovación basadas en colaboración con terceros muchísimo más profundas. En particular, la colaboración de las actuales corporaciones con los startups es un imperativo estratégico para lograr los niveles de innovación requeridos. En este matrimonio, los startups proveen natividad digital, agilidad y nuevas formas de pensar, mientras que las grandes empresas proveen capital, experiencia y estrategia. Las corporaciones deben asumir el rol de “nodrizas” de los startups.

Estos procesos de innovación abierta ya han sido probados en países desarrollados y operan muy bien. Las corporaciones plantean desafíos adaptativos en cualquier nivel, por ejemplo, modelos de negocios, tecnologías, distribución o productos y convocan a startups que puedan proveer soluciones innovadoras para que, posteriormente, transformarse en sus clientes. No es un accidente que las empresas más grandes del mundo adquieran startups al ritmo de una a la semana, luego de colaborar con ellos.

Los beneficios son muchos. Las corporaciones ganan talento joven, innovación a bajo costo y riesgo, aprendizaje sobre los nuevos modelos digitales y exposición de sus empleados a dinámicas emprendedoras frescas. Con un poco de suerte lograrán un nuevo producto o servicio capaz de reinventarlas. Las startups logran conexión al mercado, financiamiento, estrategia experimentada e infraestructura. Al final, sólo beneficios.

Darwin hubiese dicho: “Obvio, cruce de atributos para lograr adaptación y supervivencia…”. La pregunta que queda es: ¿qué estamos esperando para empezar a colaborar?

*El autor es presidente de Digevo