1576928_500.jpg

Opinión

La elección en India rehace nuestro mundo

PULSO 22/05/2014

Por Martin Wolf. Narendra Modi ha sido elegido para acelerar el desarrollo, pero debe hacerlo de una manera que beneficie a la mayoría.

Surjit Bhalla, economista indio, me escribió diciendo que la de India es “la elección más trascendental en la historia del mundo”. No estoy de acuerdo: las elecciones de Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt fueron más significativas. Pero la idea no es absurda. La población de India es de 1.270 millones de habitantes. Pronto superará a China como el país más poblado del mundo. Si la elección de Narendra Modi fuera a transformar India, transformaría al mundo. Ya es posible identificar por lo menos tres maneras en que la elección es notable.

Primero, India ha mostrado de nuevo una señal de virtud de la democracia: la pacífica transferencia de poder legítimo. Que esto sea posible en un país tan grande, diverso y pobre es un logro político inspirador.

Segundo, los indios han rechazado la política de dinastías del Partido del Congreso, que llevó a un triste final el distinguido servicio público de Manmohan Singh, un hombre que he conocido y admirado por cuatro décadas. El gobierno más importante liderado por el Partido del Congreso desde los días de Jawaharlal Nehru fue el de Narasimha Rao a comienzos de los ‘90, bajo quien Singh trabajó como ministro de Finanzas. Si Modi tiene éxito, será porque construye sobre esas bases. El Partido del Congreso todavía tiene la mejor opción de ser el partido secular fuerte que India necesita, pero solo si se libera de su dependencia respecto de la familia Gandhi.

Tercero, Modi realmente es un hombre de esfuerzo. Pese a que su partido ganó solo 31% de la elección, obtuvo una abrumadora mayoría en la cámara baja. Lo hizo prometiendo extender su éxito en Gujarat al resto del país. Hay un debate en India sobre si Gujarat es el modelo que se supone que es. Aun así, ese no es el punto central. Lo que importa más es que los indios han elegido un hombre que promete mejorar sus vidas. El no fue elegido por sus orígenes. Ese es el testimonio de la transformación de India durante los últimos 25 años.

El gobierno saliente es considerado como un fracaso. Pero, como señala Shankar Acharya, ex asesor económico jefe del gobierno indio en los ‘90, “el crecimiento económico ha promediado 7,5% al año, la más rápida en cualquier década en la historia india. Este rápido crecimiento en el PIB ha elevado el ingreso promedio […] cerca de 75% en rupias reales, ajustadas a inflación”. Esto suena bien. Pero, agrega, también esconde la verdad. El crecimiento se desaceleró fuertemente durante los últimos tres años, “debido a la acumulación de malas políticas económicas”, mientras la inflación de los precios del consumidor ha subido entre 9% y 11% durante los últimos cinco años. Al mismo tiempo, dice Acharya, las políticas del gobierno se volvieron cada vez peores. El apunta al exorbitante gasto en subsidios para petróleo, alimentos y fertilizantes, caros programas de subsidios, demasiados acuerdos de pagos y enorme déficit fiscal. Otros fracasos incluyen el rechazo a levantar los desincentivos al empleo, el capitalismo de amigos, una regulación caprichosa, tributación retroactiva, excesivos saltos en los precios de los alimentos y corrupción.

Acharya argumenta que todo esto ha contribuido a un legado terrible: un fracaso en crear empleos para los 10 millones de jóvenes que entran al mercado laboral cada año, el estancamiento en la manufactura, inadecuada infraestructura, enormes cantidades de proyectos incompletos, vulnerabilidad de la agricultura debido a falta de agua, programas de beneficios muy mal manejados, debilitamiento de las finanzas externas, y deterioro adicional en la calidad del gobierno mismo.

Acharya es un analista serio de la realidad económica de India, que trabajó de cerca con Singh en los ‘90. Su evaluación es convincente. Aun así, a India por cierto le puede ir mejor. Las últimas estimaciones sugieren que el PIB per cápita es apenas 10% el de EEUU, y la mitad del de China. Debe ser posible para este país ponerse al día incluso más rápido.

Modi ha sido elegido para acelerar el desarrollo. Pero si uno recuerda el fracaso de la campaña de su partido Bharatiya Janata hace una década, debe hacerlo de una manera que beneficie a la amplia mayoría de la población, no solo a las elites. No está claro si Modi puede hacerse cargo de tales desafíos en un país grande y complejo. Su lema, “Menos gobierno y más gobernanza”, ha capturado el entusiasmo de la gente. Pero no está claro qué significará en la práctica.

Un análisis de JPMorgan sugiere que, de hecho, “hay una convergencia notable de pensamiento económico” entre los dos partidos principales. La diferencia, de haberla, podría estar más en la implementación, un área que los partidarios de Modi también recalcan. Esto sugiere que podría entrar en vigor un impuesto a los bienes y servicios (un IVA nacional), los proyectos de inversión podrían acelerarse, los precios de la energía liberalizarse, la participación en las empresas públicas venderse -aunque sin una privatización completa- y la consolidación fiscal acelerarse.

Esto sería para bien, pero probablemente no sería suficiente para atraer la necesaria aceleración del crecimiento y creación de empleos. Las reformas adicionales vitales estarían en la regulación del empleo, educación e infraestructura, con una visión de transformar a India en una base para la manufactura intensiva en mano de obra. Con los salarios chinos subiendo, esta es una ambición plausible. La mejora en la administración de la legislación es crucial. La agricultura necesita grandes avances, incluyendo cadenas de distribución más modernas. Los estados regionales necesitan verse forzados a competir entre ellos por mano de obra, capital y tecnología.

La elección podría ser un gran paso hacia la modernización económica de India que fue relanzada en 1991. Pero esta serie de reformas también será mucho más difícil que las de entonces. Ahora no es solo cuestión de sacar al Estado del camino. Es más acerca de hacer al gobierno un servidor efectivo y honesto para la gente de India. Este desafío es posiblemente de un orden de magnitud más sobrecogedor que lo que Modi alguna vez superó en Gujarat.

Modi sigue siendo un enigma. El es hombre de acción, un nacionalista y un miembro comprometido del movimiento Hindutva. Es difícil creer que coincidiría con la reacción de Singh hacia la promoción de terrorismo por parte de Pakistán. Es imposible saber qué podría querer decir para las relaciones de India con sus vecinos. Nadie sabe tampoco cuán obligado está con los empresarios que financiaron su campaña. Pero una cosa es segura: India tiene un nuevo juego. Pongan atención.

*El autor es editorialista económico principal de Financial Times.

Archivos relacionados