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Opinión

La economía chilena

PULSO 08/06/2016

Por Valentín Carril. El país atraviesa una coyuntura donde no está claro si el proceso de desaceleración se detendrá en un crecimiento en torno al 2%.

El Banco Central acaba de publicar su reporte de política monetaria (IPoM), en el cual entre otras cosas analiza diversos aspectos de la evolución reciente de la economía chilena. Considerando que la economía de nuestro país depende fuertemente de la situación internacional, es importante precisar que esta no ha tenido cambios de relevancia en los últimos meses, más allá de los diversos temores y preocupaciones de los mercados.

En efecto, en general se espera que el mundo crezca en torno al 3%, que es una tasa de crecimiento relativamente habitual aunque no observada durante el período en el cual China comenzó a significar un aporte desproporcionado del crecimiento mundial.

Ahora que ese factor va a la baja por la desaceleración lógica de ese país, el mundo está retornando a un crecimiento más cercano a su promedio histórico.

Tampoco ha habido cambios de relevancia en la relación de términos de intercambio, que mide la relación entre los precios de nuestras exportaciones dividido por el de las importaciones. En resumen, los cambios que se produzcan en Chile dependerán o bien de cambios inesperados en la situación internacional o bien de cambios a partir de la economía local.

Las señales entregadas por los datos recientes son mixtas. Por un lado, el crecimiento del PIB del primer trimestre no solo sorprendió al alza, sino que además estuvo bastante por encima del 1,3% previo y tuvo una estructura que permite un grado de optimismo. Por ejemplo, aunque el crecimiento de 1,2% de la inversión es lento, contrasta muy positivamente con la baja de los trimestres anteriores incluyendo el previo, cuando bajó 1,3%.

Preocupa, en todo caso, que el componente de gasto del gobierno sigue siendo un importante componente del gasto, ya que dadas las restricciones presupuestarias es poco probable que pueda mantener su crecimiento, que en el primer trimestre llegó al 5,4%. Otros indicadores preocupantes en el reporte de cuentas nacionales fueron los relacionados con inflación, ya que en general subieron y/o se mantuvieron en niveles altos, incluso por encima del techo del rango de tolerancia del Banco Central, que va desde 2% a 4%.

Por su parte, la cuenta corriente tuvo un superávit de 0,9% del PIB, muy similar al superávit de 0,7% del 1Q2015; con lo cual el déficit acumulado en los últimos cuatro trimestres se mantuvo en 2%, una cifra tranquilizadora.

Sin embargo, considerando que es razonable esperar que el gasto del gobierno se desacelere y que las expectativas tanto de los empresarios como de los consumidores no se han recuperado, es poco probable pensar que el gasto de la economía va a mostrar una recuperación a corto plazo. A lo anterior se debe agregar el menor crecimiento de los salarios reales y del ingreso total de los consumidores, lo que contribuye a ratificar la apreciación anterior de gasto relativamente desacelerado. Por ejemplo las remuneraciones reales crecieron solo 1,1% en los doce meses terminados en abril recién pasado, aunque algo por encima del 0,9% de crecimiento de marzo.

Dentro de este escenario, el Imacec de abril fue decepcionante, incluso considerando que el componente no minero creció un 1,3%, muy por encima del 0,7% del índice completo. En abril no se presentaron diferencias de días hábiles (ni de días “reales” como en febrero por el año bisiesto), por lo que el 1,3% sería un buen indicador de tendencia incluso dejando de lado la baja del sector minero, que se espera sea transitoria. Por lo tanto, es una señal de alerta aunque por supuesto que no se puede inferir una tendencia a partir de la observación de solo un mes.

Con respecto a la inflación se puede decir que las señales también son mixtas. Por una parte se ha verificado una leve tendencia decreciente desde el peak de 5% en agosto del año pasado hasta el 4,2% de abril, ya muy cerca del techo del rango de tolerancia del Banco Central. Sin embargo, en igual período no hay una trayectoria clara de la inflación subyacente medida de acuerdo al IPC sin alimentos y energía. De hecho, este bajó pero solo a 4,6% desde 4,9%. Adicionalmente, como se indicaba más arriba, los indicadores de inflación asociados al PIB (conocidos como deflactores) siguen mostrando niveles excesivos respecto de las metas. Por ejemplo, al primer trimestre el deflactor del consumo de hogares aumentó un 5,1%, muy por encima tanto del rango meta como de la proyección del Banco Central para el presente año, la que se mantuvo en 3,6%.

Posiblemente estos factores influyeron en que la autoridad monetaria indicara que si bien por ahora el consejo ha mantenido la tasa de política monetaria (TPM) estable en 3,5%, se prevé que dentro del horizonte de proyección serán necesarias alzas adicionales.

El resumen es que Chile está en una coyuntura muy importante, en la cual no está claro si el proceso de desaceleración que vivió nuestra economía realmente se va a detener en un crecimiento cercano al 2%, como parece indicar el PIB del primer trimestre; tampoco es evidente que la inflación convergerá hacia la meta de 3%, aunque esto último dependerá de la actuación del Banco Central en especial con respecto a la TPM. El reporte IPoM muestra que la autoridad monetaria está preparada y considera por ahora necesario subir la TPM para guiar la inflación hacia su objetivo. 

*El autor es economista y estratega para Latinoamérica Principal International.