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Opinión

La crisis del círculo virtuoso de la investigación

PULSO 18/01/2016

Por José Rodríguez. Es imprescindible que el país se trace como meta fortalecer y ampliar la masa crítica científica para dar un salto al desarrollo.

La investigación científica es un elemento fundamental para aquellos países que, al igual que Chile, buscan lograr el desarrollo económico. La experiencia dice que solo a través de la innovación científica las naciones consiguen pasar de ser países monoproductores a potencias desarrolladas.

En este sentido, es indudable que cuando la investigación tiene metas y fines específicos de nivel país, se genera un efecto de amplificación social, ya que la necesidad de técnicos y profesionales altamente calificados, genera movilidad e inclusión; además de abrir nuevas posibilidades de estudios, negocios, desarrollo profesional e innovación. Lo que a su vez crea nuevas áreas de investigación que deben ser estudiadas en centros especializados. Como vemos, se trata de un círculo virtuoso impulsado por la ciencia.

No obstante, los lamentables sucesos ocurridos en Conicyt durante el año 2015 nos han dejado una consecuencia más que preocupante: la única entidad nacional creada específicamente para potenciar la ciencia no cuenta hoy con una cabeza que lidere el trabajo. Inevitablemente, estos sucesos tendrán como principal efecto el fin del círculo virtuoso de la ciencia expuesto en el párrafo anterior.

Chile tiene que cambiar. El logro del tan ansiado desarrollo se condiciona a los esfuerzos que un país ponga en innovación y desarrollo. Aún estamos muy lejos de esa realidad y para acercarnos un poco lo primero es construir una institucionalidad sólida, que promueva y financie la investigación, que exija su aplicación a la sociedad y que genere nuevas riquezas a partir de la transferencia de las tecnologías logradas. Hoy Chile parece ir en el sentido contrario.

Prueba de ello son los reclamos de decenas de investigadores talentosos que no cuentan con los medios ni las oportunidades de extender sus estudios o de traspasar sus conocimientos a la técnica. Algunos se ven obligados a trabajar en el extranjero -lo que representa un subsidio directo con fondos chilenos a sus países de destino-, y otros, en laboratorios precarios y pobremente equipados.

Es por esto que como universidad que lleva la investigación científica y la generación de conocimientos en el corazón de su misión, estamos atentos a las próximas definiciones del Gobierno en cuanto a criterios para la entrega de fondos de financiamiento de la investigación científica. Este punto es de vital importancia si se considera que el quehacer científico en Chile se concentra de manera importante y mayoritaria en las instituciones de educación superior.

Creo que para la asignación de estos fondos deben primar criterios tales como la calidad de la investigación y el impacto que esta logra en la sociedad y, por ende, en el desarrollo del país.

Entiendo que para la mayoría de las universidades, la transferencia de tecnologías surgidas del trabajo de sus aulas y laboratorios hacia los sectores productivos puede ser un desafío mayor. No obstante, lograr este puente entre la academia y la industria es una prioridad, ya que contribuye a generar productos más competitivos y a tecnificar procesos con el fin de hacerlos más sustentables y eficientes.

Es decir, creo que se debe implementar un sistema de financiamiento competitivo y que vincule los resultados a los recursos asignados. Esto pensando en que existen planteles privados como la Universidad Católica, la Universidad de Concepción, la Universidad Andrés Bello, la Universidad Austral, la Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Técnica Federico Santa María que logran lugares destacados en el ranking de las universidades chilenas con mayor número de publicaciones indexadas.

En consecuencia de lo ya expuesto, creo que es imprescindible que nos tracemos como meta el fortalecer y ampliar la masa crítica científica con la que contamos en Chile. Para ello se hace necesario incentivar a las nuevas generaciones a iniciar carreras en la ciencia, las que entreguen la formación necesaria para comenzar luego investigaciones de alto impacto. Sin embargo, este propósito se ve cada vez más lejano si es que vemos que las señales que se dan en materia de institucionalidad son bastante poco alentadoras.

Con estos argumentos mi intención es mostrar que debemos estar en alerta porque nos encontramos en un punto de inflexión. Hoy tenemos la oportunidad de cambiar la forma en la que se aborda la ciencia para siempre, convirtiéndola en un eje central del desarrollo de la nación. La ciencia no puede esperar. Sus objetivos deben ser compartidos por todos los actores del país, por lo que se hace necesario llamar a autoridades, legisladores y a la sociedad en general, a escuchar a la comunidad científica y sumarse a su gran cruzada.

Tengo la certeza de que si no desperdiciamos la oportunidad que se nos presenta de enmendar el rumbo y logramos generar políticas públicas a partir de criterios técnicos y de realidad, crear una institucionalidad fuerte, líder y con investigadores comprometidos, podremos dar finalmente un paso firme al progreso de la ciencia. Esto no se traduce en otra cosa más que en el desarrollo de Chile. 

*El autor es rector UNAB y Premio Nacional de Ciencias Aplicadas 2014.

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