Opinión

La caída de El Chapo que alivia a Peña Nieto

PULSO 18/01/2016

El Presidente mexicano enfrenta ahora el reto de garantizar prisión y juicio del narcotraficante.

Si hay un hecho que en 2015 golpeó al Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, fue la fuga del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera. El escape de El Chapo reveló las grietas del sistema de seguridad pública, la penetración en este de los carteles de la droga y la incapacidad punitiva del Estado y su pérdida de control efectivo de importantes porciones de territorio. Por lo mismo, la recaptura de El Chapo ha supuesto un momento de alivio para un mandatario que ya ha cumplido la mitad de su sexenio sin que las grandes reformas que ofreció a la sociedad azteca hayan cuajado del todo. Peña Nieto se expone ahora al examen local e internacional de quienes dudan que el Estado sea capaz de enjuiciar al narcotraficante y, aun antes, siquiera de mantenerlo encerrado. EEUU ha apoyado a Peña Nieto -este país es sin duda la otra cara inevitable del problema de las drogas-, pero evalúa solicitar la extradición, lo que pondría presión al sistema judicial y político de México. Con todo, más allá de la caída de Guzmán Loera, y la no menos insólita saga que involucra al actor Sean Penn y la actriz Kate del Castillo, el Presidente tiene una agenda exigente para sus segundos tres años: la violencia criminal no cede, la reforma del sector energético se ralentiza junto con la caída de precios del petróleo y el peso mexicano sufre la inestabilidad en que se han sumido las monedas emergentes. La buena noticia es que debido a la integración económica con EEUU, la recuperación de este país implica que el crecimiento azteca se moverá entre 2,5% y 3%.

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