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Opinión

Instituciones, capital humano y desarrollo

PULSO 14/01/2016

Por Francisco A. Gallego. Existe evidencia de que las instituciones cumplen un rol fundamental en el desempeño económico de largo plazo de los países.

Cómo se pueden explicar las grandes diferencias en prosperidad de las distintas naciones? ¿Qué rol ha jugado el capital humano en el desarrollo de largo plazo de las economías? ¿Cuál es la relación existente entre estas dos variables? El estudio de estas preguntas se vuelve crucial para entender el crecimiento y el desarrollo económico en el largo plazo.

Qué duda cabe que una buena parte de la discusión de políticas públicas recientes de nuestro país se relaciona con respuestas a las preguntas formuladas más arriba. Afortunadamente, una parte de la literatura económica empírica en el último tiempo ha estado enfocada en dar respuesta a las grandes interrogantes mencionadas.

Una de las principales líneas de investigación se ha enfocado en el rol de las instituciones. De acuerdo con esta postura existen dos tipos de instituciones: inclusivas y extractivas.

Las instituciones inclusivas son aquellas que promueven la participación de la gran mayoría de las personas de una nación en la toma de decisiones tanto políticas como económicas y permiten el desarrollo integral de sus individuos. Este tipo de instituciones, que incluyen respeto de los derechos de propiedad, igualdad de oportunidades y la generación de incentivos correctos, repercuten en mayores niveles de productividad, lo cual se traduce en mayores tasas de crecimiento económico.

Por el contrario, las instituciones extractivas impiden la participación de los individuos en la toma de decisiones, concentrando el poder en unos pocos y además generando oportunidades para que grupos de interés capturen rentas y así además se incentiva a que la sociedad trate de capturar estas rentas más que dedicarse a producir riqueza.

Así, las instituciones extractivas provocan el estancamiento de la gran mayoría de los indicadores de desarrollo de las naciones, ya que desincentivan la productividad y el progreso tecnológico.

¿Y qué rol juegan la educación y el capital humano? Ciertamente tenemos evidencia suficiente de que existen altísimos retornos privados asociados a tener mayor capital humano. La pregunta relevante de la literatura de desarrollo de los países es otra: ¿el capital humano aporta al desarrollo más allá de los retornos privados que sabemos tiene?

Por ejemplo, ¿mayor capital humano crea externalidades? ¿Mayor educación ayuda a mejorar las instituciones? ¿Qué aporta más al desarrollo: instituciones o capital humano? Contestar estas preguntas no es fácil, pero en un trabajo reciente que publicamos en 2014 con mis colegas Daron Acemoglu (MIT) y James Robinson (Chicago) usamos la experiencia de las antiguas colonias para tratar de responder estas preguntas.

Los principales resultados de este ejercicio muestran que, una vez que se incluyen las instituciones y el capital humano como factores endógenos en la explicación del desempeño de largo plazo de las economías, el efecto del capital humano se vuelve consistente con las estimaciones que existen a nivel microeconómico; o sea, las personas más educadas capturan los retornos de su inversión vía mayores salarios, pero no se observa un efecto en el desarrollo de los países más allá de esto.

Por último, respecto del potencial efecto de un mayor nivel de capital humano sobre las instituciones de los países, encontramos que, si bien ambas variables se mueven en la misma dirección, cuando intentamos explicar las diferencias institucionales de hoy en día, los niveles históricos de capital humano no parecen ser relevantes.

En suma, se pueden entender las diferencias en la prosperidad de las naciones en la actualidad, las cuales comenzaron a desarrollarse hace 250 años en promedio gracias, principalmente, a diferencias institucionales. De esto se concluye que las instituciones cumplen un rol fundamental en el desempeño económico de largo plazo de los países.

Las instituciones parecen actuar a través de diversos factores, entre los cuales destaca la mayor productividad de países con instituciones que garanticen la existencia de derechos de propiedad que se respeten, que sean más inclusivas y que pongan incentivos correctos. Esta evidencia es sin duda importante para la discusión de políticas públicas del Chile de hoy.

*El autor es Ph.D. Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), académico Instituto de Economía Universidad Católica y director EH Clio Lab.

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