GONZALO BLUMEL

Opinión

InDCisión

PULSO 21/04/2017

Por Gonzalo Blumel. Estas elecciones pueden terminar siendo para la DC como el poema de Rubén Darío, en el sentido de que si se sale de la Nueva Mayoría se puede morir, pero si se queda la pueden matar.

Otra vez Mariana Aylwin remece el tablero de la política criolla, al plantear que la mayoría del electorado DC no va a votar por Guillier, sino que lo hará por Piñera. De esta forma, la ex ministra de Educación de Ricardo Lagos transparenta, sin mayores complejos, un temor latente de la

dirigencia democratacristiana, que percibe que el derrotero que ha tomado la Nueva Mayoría, virando cada vez más marcadamente hacia la izquierda, puede llevarlos a perder una porción significativa de sus votantes y, de paso, las elecciones presidenciales.

Esta sensación no es nueva, de hecho, se viene incubando hace un buen rato en el mundo de la flecha roja. Prueba palmaria de ello fue el documento “Progresismo sin progreso: ¿el legado de la Nueva Mayoría para Chile?”, suscrito por la ex diputada y varios históricos de la DC a comienzos del año pasado, en el que se alertaba sobre el rumbo del Gobierno y la posibilidad de descarrilar lo ya logrado por el país.

Es que tras la dramática bajada de Ricardo Lagos, quien concitaba amplias simpatías en el falangismo, la DC se está viendo obligada a tomar una decisión no menor: optar por el camino propio o seguir junto a la Nueva Mayoría. La primera alternativa permite reafirmar la identidad extraviada, pero implica romper su histórica alianza con la izquierda, con un costo en términos de representación parlamentaria que puede terminar siendo muy doloroso. La segunda, obliga a alinearse tras Guillier, quien inevitablemente irá corriéndose hacia la izquierda por el acoso del Frente Amplio y las permanentes exigencias del PC.

El punto de fondo es la constatación de que la centroizquierda chilena, y en particular la DC, ha venido abandonando el centro político en forma progresiva. Y el problema de ello es que cuando unos dejan un espacio, otros se lo toman. No por nada la DC pasó de representar cerca del 30% del electorado a comienzos de los 90, a apenas el 12% en las últimas municipales. Y esa disminución ha ido en beneficio de la centroderecha, que pasó del 30% al 40% en el mismo período y, muy marginalmente, de otros partidos de la izquierda (radicales y PS).

Por ello, con un Lagos fuera del cuadro y una Carolina Goic que no prende, el pueblo democratacristiano tendrá al frente sólo dos alternativas reales: el ex Presidente Piñera y Alejandro Guillier. El primero, de raigambre centrista, ya hizo un Gobierno que fue capaz de generar progreso y mejorar el bienestar de los chilenos. El segundo, sigue siendo una incógnita en cuanto a visión de país y, lo que es más complejo para su candidatura, representa la continuidad de un conglomerado que ha tenido una pobre performance política, económica y social. Así, el candidato del radicalismo deberá cargar con el peso de buscar la sucesión del Gobierno con peores índices de respaldo desde el retorno a la democracia, la peor performance económica en tres décadas de acuerdo a las últimas proyecciones del FMI, y los más bajos niveles de

confianza de los últimos 20 años, superando incluso los peores meses de 2008, cuando Chile y el mundo enfrentaban los efectos de la crisis subprime, el mayor descalabro económico global desde la Gran Depresión.

En suma, estas elecciones pueden terminar siendo para la DC como el poema de Rubén Darío, en el sentido de que si se sale de la Nueva Mayoría se puede morir, pero si se queda la pueden matar. He ahí la dificultad de su decisión o, más bien, la razón profunda de su indecisión.

El autor es director ejecutivo Fundación Avanza Chile (@gblumel).