Opinión

Huevos, salitre y cobre

PULSO 15/04/2018

Por Ignacio Álvarez.

Hay un refrán popular muy sabio que dice “no poner todos los huevos en la misma canasta”. Si la canasta se te cae, vas a perder todos los huevos. En 1990, el profesor Harry Markowitz, que es reconocido como uno de los padres de las finanzas modernas, se hizo acreedor del Premio Nobel de Economía por un artículo llamado Selección de Portfolio, publicado en 1952. El gran aporte de Markowitz es que demostró matemáticamente la relevancia de la diversificación, es decir, lo riesgoso y absurdo de poner todos los huevos en la misma canasta.

Desde 1880 hasta 1930 Chile gozó del auge del salitre, que incluso gatilló la Guerra del Pacífico. Fue un época de gran crecimiento económico. Este auge finalizó abruptamente con la invención del salitre sintético. Actualmente, los asentamientos salitreros aún existen en calidad de pueblos fantasmas. Desde 1930 hasta 1985, Chile tuvo un gran estancamiento en relación al resto del mundo. En las últimas décadas el cobre reemplazó a lo que en su momento fue el salitre y se convirtió en el nuevo “sueldo de Chile”. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces.

Para los vaivenes de corto plazo del precio del cobre, Chile creó una regla de balance estructural. Si bien no ha estado exenta de controversias en el último periodo, conceptualmente es una buena manera de suavizar el impacto de los cambios en el precio del cobre en el presupuesto que dispone el Estado para políticas sociales. Sin embargo, si por alguna razón, en algún momento el precio del cobre cae fuertemente en forma permanente, Chile volverá a tener los mismos problemas que tuvo con el fin del salitre. Es muy irresponsable correr el riesgo de un día tener que decirles a los chilenos, y en especial a los más vulnerables, que las políticas sociales de salud, vivienda, pensiones, educación, etc. se verán reducidas significativamente, y más irresponsable si más encima ya hemos vivido esa experiencia.

¿Qué hacer entonces? Muy fácil. Es imperativo que el Estado de Chile haga suyo el refrán popular refrendado por Markowitz y diversifique. Obviamente, un camino es añadir nuevos productos y, en especial, servicios que se agreguen a la matriz exportadora. Parece haber consenso político en ello, pero eso no significa resultados garantizados. El otro camino que no es excluyente, sino que complementario, es vender Codelco o un porcentaje (49% si se quiere mantener el control) a inversionistas extranjeros. Y ese dinero debe ser invertido en un portfolio altamente diversificado y que no tenga correlación con el cobre. ¿Cómo? Afortunadamente, ya existe una estructura para ello que es el Fondo de Estabilidad Económica y Social (FEES), si bien su institucionalidad debe ser mejorada y perfeccionada. Alternativamente puede ser depositado en una cuenta individual de cada chileno para aumentar su pensión. Así, se generaría un flujo de ingreso más estable para el Fisco o directamente para las personas y, además, se eliminaría parte del riesgo de las consecuencias de que al cobre le suceda algo similar que al salitre.

Nótese que el Estado, aun cuando vendiera el 100% de Codelco, seguiría teniendo dependencia del cobre (pero mucho menor) por los impuestos que recauda de todas las empresas de cobre, incluyendo los que recaudaría de Codelco. Pero sería un gran avance en diversificación, puesto que disminuiría notablemente la importancia del cobre dentro de los ingresos del Fisco a cambio de otros ingresos más estables en el tiempo.

Más aún, Codelco ha expresado que necesita invertir US$ 40.000 millones en los próximos 10 años para ser más eficiente y aprovechar las oportunidades de crecimiento. Es vital que si ello es positivo para la empresa, se lleve adelante. Para tener una idea de la magnitud, ese monto es alrededor de tres veces todo el presupuesto de salud de Chile. Por eso, si Codelco se mantiene como una empresa 100% estatal, significa no sólo que no diversificaremos, sino que incluso meteremos más huevos a la misma canasta.

Adicionalmente, hay otro argumento muy poderoso. Es mejor elegir el momento de vender un activo y adjudicarlo caro en vez de verse obligado a vender y, por ende, venderlo barato. Me explico. La mayoría de los países se ven obligados a vender las empresas públicas precisamente cuando sufren dificultades. Es decir, en este caso, justo en el momento en que el precio del cobre sea bajo y Chile enfrente dificultades financieras, quizás nos veamos obligados a vender parcial o totalmente Codelco. Es mucho mayor el valor que se puede obtener ahora, cuando el precio de la libra de cobre es de US$ 3 que cuando es de US$ 1. Y eso permite asegurar muchos años de gasto social con un riesgo más acotado. Para tener perspectiva, el precio real del cobre promedio entre 1920 y 1960 y entre 1975 y 2005 fue de alrededor de aproximadamente US$ 1,5, llegando en algunos momentos a US$ 1. Es decir, el precio de estos últimos años ha sido la excepción más que la regla. Por ende, no sólo es un objetivo per se positivo de largo plazo, sino que, además, el timing parece muy conveniente ahora.

Una externalidad positiva es que, además, el tipo de cambio tendría en forma natural menos fluctuaciones y, por ende, dado que es un precio muy importante en la asignación de recursos de toda la economía, su mayor estabilidad generaría mayor inversión en otros sectores. Tampoco sería de extrañar que ello ayudara a mejorar la clasificación de riesgo de Chile y con ello acceso a financiamiento más barato.

Quizás usted piensa que el salitre es una excepción y esto no tiene posibilidad de suceder con otro producto. Piense en el carbón, en los teléfonos fijos, en el celular de Blackberry o en la cámara fotográfica Kodak, sólo por nombrar algunos.

Nunca he escuchado un argumento técnico que rebata esta propuesta. Y a pesar de que Codelco es de todos los chilenos, la negativa suele ser siempre de un grupo minoritario, pero muy poderoso, que de alguna forma u otra logra sacar algún beneficio personal y quedarse con parte de los huevos: políticos o dirigentes sindicales. Incluso, he escuchado a varios políticos que efectivamente reconocen que sería lo mejor, pero que es mejor no abordar el tema, porque no es políticamente adecuado. ¿No será hora de abrir este debate, romper un par de huevos antes de que se rompan todos y hacer lo correcto?