OSVALDO-MACÍAS-M

Opinión

Es hora de hablar del afiliado

PULSO 19/06/2017

Por Osvaldo Macías. Nadie podrá negar que ni el Estado ni los privados han sido exitosos u oportunos en la tarea de educar al cotizante de las AFP.

Hasta mediados del siglo XVI, los astrónomos consideraban que la Tierra era el centro del universo. Así lo habían aprendido de Ptolomeo, cuyas apreciaciones prácticamente nadie rebatió por 14 siglos hasta que Nicolás Copérnico propuso lo que hoy nos resulta natural: no era la Tierra, sino el Sol, el núcleo de ese universo.

En Chile, por más de 30 años se ha puesto a las AFP en el centro del debate previsional. Durante décadas se informó acerca de las altas rentabilidades de las inversiones que gestionan, y de su impacto en el desarrollo del mercado de capitales; de su salida a los circuitos financieros internacionales y del manejo responsable de los recursos administrados.

Todos los anteriores son aspectos positivos del sistema chileno de pensiones. Sin embargo, el centro del universo previsional siempre debió haber sido el afiliado. En al menos cuatro dimensiones los afiliados no han sido el foco de atención prioritario: como sujeto de información, como usuarios, como parte del sistema de seguridad social y como propietario de sus fondos.

En la primera dimensión, hay quienes plantean que se han hecho esfuerzos por educar previsionalmente a los afiliados. Es cierto, pero nadie podría negar que ni el sector privado ni el Estado han sido lo suficientemente oportunos y exitosos en tal tarea.

Las consecuencias son palpables. Según la última Encuesta de Protección Social, siete de cada diez chilenos ignoran qué porcentaje de su salario se descuenta para sus pensiones, y solamente uno de cada diez sabe cuánto cobra una administradora por gestionar sus fondos. La mayor parte desconoce si su AFP le ha enviado una cartola informativa en el último año, y casi el 70% sabe poco o nada sobre la rentabilidad de los fondos donde tiene invertido su dinero para pensión.

Algunas administradoras han mejorado -aún tímidamente- las comunicaciones con sus afiliados. Los gobiernos han dispuesto distintas medidas educacionales, y la Superintendencia de Pensiones ha potenciado herramientas informativas.

Una, por ejemplo, es el sitio web Infórmate y Decide, cuyo contenido permite distinguir el nivel de costos, rentabilidad y calidad de servicio de las AFP. Otra es el Simulador de Pensiones, que posibilita a cualquier interesado proyectar su futura jubilación. Además, hemos aumentado significativamente la información publicada en nuestro sitio web, la información a los medios de comunicación y el acercamiento directo a los afiliados y público en general.

La segunda dimensión apunta a los afiliados en tanto usuarios del sistema. Según distintos estudios, la percepción de los afiliados hacia el servicio prestado por las administradoras dista de ser óptima. El sistema de pensiones no puede entenderse como parte de una estrategia de negocios que relegue a los afiliados a un plano secundario. Hay estándares de servicio mínimos que los ciudadanos demandan: los pagos de beneficios deben ser oportunos y en condiciones adecuadas; los usuarios deben ser atendidos con profesionalismo y cercanía, y las prestaciones deben adaptarse a las personas y no las personas adaptarse a decisiones comerciales.

La tercera dimensión ha perfilado al sistema de pensiones y su regulación como si perteneciera sólo al mundo financiero. Esa mirada está distorsionada, pues el rol principal de este sistema es el que juega en la seguridad social. Para tomar buenas decisiones todos los actores deben conocer a los afiliados, acercarse a ellos y comprender sus necesidades.

La cuarta dimensión entiende al trabajador como lo que es: dueño de sus fondos. Sin embargo, hoy los afiliados tienen escasa injerencia en la evaluación de la gestión de sus propios recursos, sin perjuicio de que las administradoras cautelen el buen resguardo de esos dineros. Algunas AFP avanzan con la creación de instancias de participación activa de sus afiliados. Hay propuestas que apuntan a la creación de comités de vigilancia, cuentas públicas y otras figuras similares. El anuncio presidencial de abril propicia un debate en la materia, que en cualquier caso busca entregarle al afiliado un papel más protagónico en la supervisión de sus fondos en el marco de un alto rigor técnico.

La teoría heliocéntrica de Copérnico tardó unos 100 años en ser ampliamente aceptada. Hoy no hay tiempo para un siglo: hay que actuar rápido para mejorar las pensiones y poner al afiliado justo al centro del universo previsional. Los otros temas se pueden quedar orbitando alrededor.

*El autor es superintendente de Pensiones.