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Opinión

Hacia dónde va la industria inmobiliaria

PULSO 01/02/2016

Por Valeria Gori. Una obviedad que implica un gran desafío para la industria inmobiliaria: leer, interpretar y construir una vivienda acorde con las nuevas exigencias de los consumidores.

Vender una propiedad -sea casa o departamento- es mucho más que ofrecer cuatro paredes. Hoy la promesa de “tres dormitorios y dos baños” no basta para seducir a los clientes que buscan una casa para vivirla. Una obviedad que implica un gran desafío para la industria inmobiliaria: leer, interpretar y construir una vivienda acorde con las nuevas exigencias de los consumidores.

Y las nuevas exigencias existen y son muchas. Las familias ya no son las mismas de antes, como en diez años más no van a ser las mismas de hoy. Menos hijos, menos tiempo, más ingreso disponible para la entretención, relaciones interpersonales más flexibles, han redefinido el uso y límite de los espacios. Si antes los niños no entraban al living, hoy no es raro ver cómo se han apoderado de este lugar. Si antes los invitados no entraban a la cocina, hoy las reuniones son justamente ahí. Los espacios adquirieron un nuevo sentido y lo más relevante es que cada integrante de la familia le da un sentido distinto al mismo espacio, esto porque los recintos ya no son necesariamente exclusivos de un solo sujeto.

Así como el estilo de vida de las personas y de las familias ha cambiado, los productos inmobiliarios deben ir adaptándose en busca de mayor flexibilidad y “customización”. Una propiedad “hecha a la medida” de sus habitantes, que apunta hacia la personalización y la flexibilidad en la entrega del producto final. Son estas máximas las que hoy están redefiniendo las propuestas de valor de los proyectos inmobiliarios en todos los segmentos y el segmento del lujo no es una excepción.

Si antes el lujo inmobiliario estaba asociado con lo excesivo y la ostentación, hoy damos paso a una nueva generación: productos únicos con el sello de sus propietarios. Hoy el lujo tampoco está asociado solamente al valor de ciertas terminaciones, sino con el valor del tiempo de los clientes y la interpretación de sus formas de habitar con espacios bien pensados por y para alguien con nombre y apellido, con una historia. El desafío para nosotros es construir desde el consumidor y ya no desde el producto de un catálogo.

Un fenómeno que también han experimentado otras industrias y que ha implicado mutar de una oferta estandarizada a una propuesta uno a uno. El rubro turístico, por ejemplo, ha debido abrirse a conceptos más flexibles y personalizados, que van más allá de los paquetes siete días-siete noches en el Caribe. Así han nacido conceptos como las rutas gastronómicas, el astro-turismo y el turismo aventura, entre otros.

Aunque el core business de la industria inmobiliaria seguirá siendo la construcción de casas, departamentos y oficinas, la oferta “puertas adentro” debe impulsar los cambios que exige el nuevo tipo de consumidor. Este escenario implica grandes transformaciones, dirigidas hacia nuevas formas de gestión para lograr una mayor productividad y efectividad, a través de los principios de calidad, flexibilidad, desarrollo integrado con el entorno, atención personalizada al cliente, innovación e integración diagonal.

*La autora es gerente comercial Socovesa Santiago.

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