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Gatos y ratones unidos jamás serán vencidos

PULSO 11/11/2013

Pro Francisco Mozó. Lo notable es que la mayoría de los chilenos, a pesar de sufrir lo mismo que la Sra. Roxana, no se han dejado llevar por la rabia.

En estas semanas de debates y franja electoral, he seguido con atención las intervenciones de Roxana Miranda. La Sra. Roxana está hasta más arriba de la coronilla. Tiene rabia porque sus hijos y los de sus vecinos no tienen acceso a una buena educación y cuando terminan el colegio les cuesta encontrar trabajo enfrentando un desempleo juvenil que supera el 20%. Está enojada la Sra. Roxana, porque tiene que moverse en el Transantiago y viaja hacinada, haciendo múltiples transbordos y con tiempos de viaje eternos. Está enrabiada, porque su casa es muy chica y probablemente en su barrio no hay árboles ni parques ni seguridad. Tiene bronca, porque cuando ella o su familia enfrentan problemas de salud, tienen que sufrir listas de espera y largas filas y una atención que muchas veces atropella su dignidad.

Su rabia aumenta, porque lleva muchos años escuchando promesas de que “le van” a resolver los problemas y pasan los años y nadie se los resuelve. Más rabia le da saber que quienes le hacen las promesas, no educan a sus hijos en los colegios en los que los tiene que educar ella, no viajan en el Transantiago, viven en buenos barrios y no conocen de qué color es la tarjeta de los consultorios.

La rabia nunca ha sido buena consejera y es por eso que al momento de proponer soluciones la Sra. Roxana nos divide en gatos que hay que echar del país y encarcelar (los ricos, los políticos, los que tienen el poder) y ratones que se tienen que tomar el poder (los ciudadanos comunes y corrientes y en especial los más postergados). De propuestas que parezcan soluciones realistas a los problemas que denuncia, poco le he escuchado.

Es notable que nuestro sistema democrático, al que tanto se critica por su falta de representatividad, le dé la oportunidad de ser candidata a la Presidencia, con toda la difusión que ello significa, a alguien que como la Sra. Roxana dice, no representa al pueblo sino que es del pueblo. Al menos a nivel presidencial podemos decir con tranquilidad que nuestro sistema es ampliamente democrático y participativo.

Más notable es que la mayoría de los chilenos, a pesar de sufrir lo mismo que sufre en forma diaria la Sra. Roxana, no se han dejado llevar por la rabia y de acuerdo con las encuestas estarían optando mayoritariamente por las dos candidatas que representan alternativas más moderadas e inclusivas que las que propone la Sra. Roxana. Es decir, la gran mayoría de nuestros compatriotas todavía cree que los gatos y los ratones son necesarios para construir una sociedad más justa y con más oportunidades.

La Sra. Roxana ya sabe que los bonos de “cuarenta lucas” no son la solución y ya decidió que no puede confiar en las promesas de los políticos que “le van” a solucionar sus problemas y demanda el poder para solucionarlos ella misma. Y poder hay que darle. Pero no el poder que ella busca para dividir al país en gatos y ratones. Hay que darle el poder de aspirar a una educación escolar y preescolar de calidad a través de un subsidio educacional mucho mayor al actual. Hay que empoderarla a través de la reforma al Estatuto Docente para que se pueda premiar e incentivar a los buenos profesores y directores de colegios y prescindir de los servicios de los que no puedan entregar educación de calidad. Hay que darle el poder de complementar el subsidio del Estado con un aporte adicional si es que eso le permite aspirar a un colegio de mejor calidad, más cercano a su casa o con una formación que se acerque más a sus valores. Hay que darle el poder de elegir entre los consultorios públicos y los centros médicos privados a través del aporte del Estado más lo que ella pueda o esté dispuesta a complementar. Hay que darle el poder y dignidad a ella y a sus hijos para que puedan ganarse la vida con dignidad en un país que crece y ofrece más trabajo, especialmente para los jóvenes. En resumen, hay que darle más poder a la gente y no más poder al Estado. Un Estado más grande y que año tras año ha fallado en mejorar la educación, el transporte y la atención de salud de muchísimos chilenos y que no ha podido disminuir el desempleo de los más jóvenes, definitivamente no es la solución.

Lo anterior cuesta mucha plata dirá Ud. y efectivamente puede costar fácilmente 3% o 4% del PIB, pero ese no es el problema y no es necesario subir los impuestos, porque recursos existen y habrá más. La verdadera limitante será la voluntad que tenga el próximo presidente en trabajar junto con los profesores y los empleados del sector público de la salud y convencerlos de hacer las reformas que son necesarias para una adecuada gestión de colegios, consultorios y hospitales públicos y arriesgar su capital político en sacar adelante esas reformas y las que permitan disminuir el desempleo juvenil, aun enfrentando protestas y paros.

Creo que como nunca antes están las condiciones y recursos para lograr lo anterior y hacer de nuestro país uno en el que todos puedan tener el poder y sentir el orgullo de ganarse por sus propios medios, una vida digna y más amable. Solo necesitamos un presidente que lidere con fuerza y pasión las políticas públicas adecuadas y que se juegue con valentía su capital político para lograr las reformas necesarias dándole más poder a la gente y menos al Estado. Cualquier resultado distinto probablemente será un fracaso y una decepción para los millones de chilenos que creemos que un Chile mejor lo construyen los gatos y los ratones trabajando juntos con esfuerzo y en armonía.

(*) El autor es socio de Econsult Asset Management.