2161277_500.jpg

Opinión

El oscuro panorama económico de 2015

PULSO 07/01/2016

Por Álvaro Iriarte. Solo el Gobierno sostiene que el contexto internacional es la principal causa del pésimo desempeño económico. Consenso de los economistas es otro: las razones son internas.

El año 2015, uno de los más difíciles que ha debido sortear la economía nacional en los últimos años, estuvo marcado por intensos debates entre economistas, expertos y actores del mundo privado, por un lado, y el Gobierno por otro. Los primeros denunciaban los efectos negativos de las reformas económicas e institucionales del Gobierno de la izquierda, el Ejecutivo insistía en defenderlas y negar sus perniciosos efectos. Todo esto, además, tiene como telón de fondo un discurso estatista, antiempresarial y, en general, contrario a la economía libre.

Durante 2015 el alza de impuestos impactó el crecimiento. La ideología primó sobre la realidad: la Reforma Laboral continuó su tramitación, y los cimientos de la institucionalidad fueron embestidos directamente con el inicio del proceso para cambiar la Constitución. Si bien nuestra economía ha sido afectada por la situación internacional de los commodities y por la desaceleración de China, solo el Gobierno sostiene que el contexto internacional es el principal factor del pésimo desempeño económico. El consenso de los economistas es otro: la situación actual se ha gestado en gran medida por las decisiones internas, por las reformas y políticas públicas impulsadas desde 2014.

En materia de crecimiento, tras numerosos recortes en las estimaciones del PIB, el 2015 con suerte cerró en un escuálido 2,2%. En materia de inflación, la variación anual del IPC se ubica en torno al 4%, mientras que la inflación subyacente -Ipcsae- se ha mantenido alrededor del 5% anual.

La mala situación es percibida por la ciudadanía. La encuesta CEP de noviembre de 2015 evidenció que solo un 11% calificaría la situación económica actual del país como “buena o muy buena”, mientras que 42% sostiene que la situación es “mala o muy mala”, el menor y mayor nivel respectivamente desde noviembre de 2008, en plena crisis subprime. Por otro lado, los resultados del Índice de Percepción Económica (IPEC) muestran que la confianza de los consumidores se mantiene por 18 meses consecutivos en el área pesimista. En materia de inflación, el IPEC muestra que la población ha sentido el alza del costo de vida y que está preocupada por el futuro: el 52% de los encuestados cree que “los precios de las cosas subirán mucho dentro de los próximos 12 meses”. Con toda certeza se puede concluir que fue un año marcado por una inflación que se mantuvo en niveles elevados, y una actividad económica que no obstante la insistencia comunicacional del Gobierno definitivamente no repuntó. Parece que el Gobierno es el único que insiste en negar el deterioro sistemático de la economía, desconociendo la importancia del crecimiento económico en la superación de la pobreza y como catalizador de la movilidad social.

¿Qué esperar de 2016?

Lamentablemente no será muy distinto. El Banco Central proyectó en el último IPoM de 2015 que la economía crecerá entre 2% y 3%, por debajo del rango previsto, ahora sí, afectada por el deterioro de la situación internacional.

Esto significa que las proyecciones podrían recortarse, y que el año podría terminar siendo aún más complicado para los miles de hogares que sienten el impacto de las políticas del Gobierno. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro puede ser distinto: si cambian las políticas y el clima político, Chile puede recuperar la senda del crecimiento.

*El autor es director de formación Instituto Res Publica – (@AIriarteBaron).

Archivos relacionados