Opinión

El buen trato

PULSO 08/09/2017

Por Francisca Jünemann. Tras el distinto o desigual acceso a educación y salud, el mal trato es lo que produce mayor sensación de injusticia a los chilenos.

Hace una semana estuve en una charla muy interesante en un almuerzo de la AEF sobre el liderazgo positivo dictada por Nuria Pedrals, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica. Y aunque fui sin muchas ganas porque la palabra liderazgo me aburre, y positivo aún más, me llevé una muy buena sorpresa y sobre todo una novedad: no tenía idea de que el cerebro no distingue entre lo que hablas y lo que está pasando en verdad. Por eso es tan malo-además de contaminar el ambiente laboral y familiar- el hablar de enfermedades, de problemas en el trabajo, porque tu cerebro lo asume como nueva vivencia y con ello afecta una y otra vez al cuerpo.

Esta charla me recordó que hace dos meses hubo una polémica por el título del estudio “Desiguales” del PNUD; ¿por qué lo llamaron “Desiguales” si demostraba que la desigualdad en Chile ha disminuido? ¿Por qué no mejor “Menos desiguales”… O “Más iguales”? Y así quedó más el título que su aporte en la memoria colectiva.

Como miembro del Consejo de Género del Ministerio de Economía, tuve la oportunidad de escuchar a los investigadores de este estudio, quienes nos fueron a exponer los principales resultados en relación con la mujer y puedo afirmar que es un gran aporte al debate público.

Lo que más me sorprendió fue un dato que ha pasado desapercibido: lo importante que es para los chilenos el buen trato y cómo esto los está afectando. Después de que algunos puedan acceder a mejor salud y educación, lo que más sensación de injusticia produce es que a algunas personas se las trate con más respeto y dignidad que a otras.

Ahondando en las causas, la primera razón por la que se percibe recibir malos tratos es por la clase social. La segunda, es por ser mujer. Los principales maltratadores son desconocidos: ese degenerado del metro o la micro, el neurótico(a) que te tira el auto encima, el vendedor o vendedora que te mira con mala cara, como si tu compra los molestara; o como si tu presencia en ese lugar fuera no grata, como si el “público” esperado fuera otro… Y luego, los segundos mal evaluados son-aquí nueva sorpresa- los funcionarios públicos: ese trato indigno recibido por las mujeres en el sistema de salud estatal; el ensañamiento en el sistema de justicia por la incapacidad de comprender que la persona que ha hecho una denuncia o está en un proceso en tribunales tiene un gran dolor, una dignidad herida o una vida en parte rota, especialmente si son razones de familia.

Al estar los candidatos aún gestando sus programas de gobierno, un gran propósito del próximo Presidente de Chile sería capacitar a los funcionarios públicos de todos los poderes del Estado -Legislativo, Ejecutivo y Judicial- en un buen trato; en empatía, en comprender que de ellos también depende la calidad de vida de las personas.

Si bien todos tenemos problemas, el consejo de Nuria Pedrals es no llevarlos al lugar de trabajo o al revés, los problemas del trabajo no llevarlos a la casa; cosa bastante obvia y que hemos escuchado bastante, pero que no sé por qué nos resulta tan difícil hacer.

Supongo que quienes no tratan bien a otros -y todos más de alguna vez lo hemos hecho- no es porque quieran andar insultando o menospreciando (por lo menos en la mayoría de los seres humanos sanos mentalmente), sino porque probablemente tienen conflictos que los transmiten, como si nadie fuera del todo inocente de sus problemas.

Sin buscar fortalecer nuestro cinismo cultural en que las cosas no se dicen a la cara, creo que-junto con comenzar a decir las cosas claras y con respeto, creando confianza y transparencia- podríamos poner más atención en nuestro entorno humano, desde la persona que está en la portería recibiéndonos antes de entrar a una reunión hasta el jefe de esa empresa con quien nos vamos a reunir. Y la meta debería ser no sólo tratarlas bien, con educación y conscientes de su dignidad, sino que en muchos casos empezar a tratar con ellas.

Y, por supuesto, que el mérito está en que se haga de manera desinteresada: por el sólo hecho de que ese otro es tan persona como yo, no por el favor que esa relación me puede traer.

Pero para aquellos que sólo actúan consciente o inconscientemente evaluando costo-beneficio, recordar que la salud, la educación, los permisos o bonos cuestan, pero un buen trato es gratis. Es así, la forma más barata de mejorar el ambiente de trabajo y comprometer a las personas de tu organización.

*La autora es abogada y co-fundadora Fundación ChileMujeres (www.chilemujeres.cl).