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Opinión

El alma de Chile

PULSO 15/01/2016

Por Gonzalo Blumel. Lo que está resintiendo la gente es la forma en que venimos atendiendo y resolviendo asuntos que nos conciernen a todos.

La semana pasada la Universidad Católica y Adimark publicaron un muy interesante libro, “Una mirada al alma de Chile”, que compila los diez años de la Encuesta Nacional Bicentenario. Dicho estudio, que nació en 2005, resulta de especial interés para quienes seguimos con atención los asuntos públicos, ya que revela la evolución de las conductas y creencias de los chilenos la última década. Y en este breve espacio quisiera destacar tres aspectos que me parecen de especial relevancia.

En primer lugar, los chilenos siguen teniendo importantes expectativas de movilidad social y ansias de progreso. El 58% cree que en los próximos años mejorará su posición económica, mientras que solo 6% piensa que la bajará. Y alrededor del 60% cree que sus ingresos, trabajo, casa, vida familiar e incluso tiempo libre son mejores que los de sus padres.

Otro aspecto trascedente es el creciente deterioro del tejido social. Hoy los chilenos son más individualistas, viven más aislados y confían menos en su entorno. La pobreza la asocian fundamentalmente a la flojera y la falta de iniciativa (51%) más que a falta de oportunidades (12%), tienen menos redes con su entorno (el promedio de vecinos conocidos cayó de 10,7 a 7,9, mientras que el de amigos cercanos se redujo de 4,3 a 2,5), y ya no ven el barrio como un espacio de solidaridad y protección (68% afirma habitar en un lugar donde cada cual vive sin preocuparse del resto).

Y de lo anterior se deriva quizá lo más relevante del informe: las personas están muy satisfechas con sus vidas “puertas adentro” (dimensión individual), pero muy disconformes con lo que ocurre “puertas afuera” (dimensión colectiva). Valoran lo que han conseguido a largo de sus trayectorias vitales, pero perciben mayores niveles de conflictividad social, tienen menos convicción en que podremos lograr ciertas metas-país, como alcanzar el desarrollo o eliminar la pobreza, y cada día confían menos en nuestras principales instituciones.

En suma, lo que está resintiendo la gente es la forma en que venimos atendiendo y resolviendo los asuntos que nos conciernen a todos. Nuestra comunidad política. Y aunque todo esto puede que sea consecuencia ineludible de la modernidad, como lo anticipasen Tocqueville y Durkheim, en la forma en que lo abordemos nos jugaremos buena parte de los próximos diez años.

*El autor es director ejecutivo Fundación Avanza Chile – (@gblumel).

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