Opinión

Discusión sobre el control en empresas privadas

PULSO 13/04/2018

La preocupación de Bitran respecto de la cuota de mercado mundial de litio que tendrá el controlador de SQM puede ser razonable, pero debió quedar estipulado en el contrato que él mismo firmó cuando fue autoridad.

EN EL GOBIERNO pasado el ex vicepresidente de CORFO, Eduardo Bitran, dio una fuerte batalla para que el empresario Julio Ponce perdiera el control en la propiedad de SQM. Luego de una larga negociación, a raíz de la cual se dio fin al arbitraje que las enfrentaba a ambas entidades, la sociedad Pampa Calichera -controlada por Ponce- se comprometió a terminar con el pacto de actuación conjunta con Kowa, acuerdo que le permitía controlar la empresa. Además, acordaron que ningún familiar de Ponce hasta en segundo grado consanguinidad podría participar del directorio de SQM hasta 2030. Ahora Bitran ha decidido iniciar una nueva batalla: evitar que la empresa china Tianqi compre el 32% que la canadiense PCS (hoy Nutrien) tiene en SQM, proceso de venta que se inició hace algunos meses y en el cual Tianqi sería uno de los principales interesados. El argumento de Bitran es que Tianqi es socia en partes iguales con Albemarle -la otra empresa que tiene contrato con CORFO para la explotación del Salar de Atacama- en la propiedad de Talison. Por eso, dice Bitran, si se concretara el ingreso de Tianqi a la propiedad de SQM, el grupo que conformarían Tianqi, Albemarle, Talison y SQM controlaría el 70% de la producción mundial de litio. Estos datos han sido desmentidos por Tianqi, quienes aseguran que ellos dominan el 17% del mercado mundial de litio, lejos del 26% que le atribuyó Bitran. La preocupación de Bitran -que incluso hizo una denuncia ante la Fiscalía Nacional Económica-, parece haber traspasado a este gobierno. El mismo Presidente Piñera estaría monitoreando el eventual ingreso de Tianqi al mercado del litio chileno, y el embajador de China en Chile, Xu Bu, se reunió con el ministro de Economía José Ramón Valente y le preguntó directamente si existía “algún problema” en que empresas chinas operaran en el país.

Como primer principio, es necesario recalcar que en Chile existe libre flujo de capitales, y que el Gobierno nada tiene que decir sobre el hecho de que una compañía compre un porcentaje en otra empresa privada.

Como segundo aspecto, la preocupación de Bitran respecto al impacto que esta eventual compra podría generar en la libre competencia, puede ser razonable, y serán los organismos competentes quienes lo definan. Al menos esta argumentación parece menos arbitraria que su disputa por sacar a Ponce del control. Sin embargo, si el Estado, a través de CORFO, considera que dado el carácter estratégico que tiene el recurso natural litio, no es sano que en su propiedad participen otros actores internacionales con altas cuotas de mercado en esta industria, debió haberlo dejado debidamente estipulado en los contratos. Si así lo hubiera hecho, hoy no tendría que dar esta nueva batalla.