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Opinión

Desierto florido 2.0

PULSO 12/01/2016

Por Alberto López-Hermida. El discurso más tentador, especialmente en la 2.0, es el de la arenga emocional de ricos versus pobres; burguesía versus proletariado.

Desde hace un tiempo que al “lucro” se le ve triste caminar por el mundo de las palabras de moda. El pobre se sabe out. Ahora es “colusión” a la que se ve campante, con el pecho inflado, dominando toda discusión de pasillo y de no más de 140 caracteres.

Desde que “colusión” apareció en la agenda nacional actual -esa que viaja a la velocidad de la luz, es episódica y a la que no le importa lo que pueda suceder a mediano plazo- se han dado soluciones acorde a esa rápida caducidad. Iniciativas para comprar en farmacias de barrio; llamados a que por un día -domingo, por cierto- no se consuma en los grandes supermercados; y hasta invitaciones gráficas a limpiarse con el agua de la ducha luego de ir al baño con tal de no usar papel higiénico.

Tal como ocurre con el desierto florido, estos bríos son sugerentes, algunos hasta atractivos e incluso le pueden llenar a uno el alma de cierta serenidad y esperanza. Sin embargo, duran un momento nimio, del que se podrá tomar un foto que se podrá mostrar para presumir de haber estado presente. Pero el Desierto de Atacama vuelve a ser el desierto más árido del planeta y el “escuadrón anti-colusión 2.0” sencillamente se duerme en la autocomplacencia de haber enfrentado a un supuesto monstruo, con nombre y apellido y haber salido vivo de la faena.

Para vencer a un enemigo antes que nada hay que conocerlo. Y la “colusión” -tal como ocurrió con el “lucro”- no tiene ni nombre ni apellido, no es ni buena ni mala en sí misma (refiérase a la RAE). Por eso, el discurso más tentador, especialmente en la 2.0, es el de la arenga emocional de ricos versus pobres; burguesía versus proletariado; apellidos con doble “r” y doble “t” versus apellidos de no más de dos consonantes; cota 1.000 versus cota 0. ¡Vaya estupidez!, en la que por cierto nuestras autoridades, hundidas en el descrédito y la desconfianza, también han visto una salida efectista.

¿Soluciones? Muchas. La primera viene en octubre en las municipales y luego el próximo año en las parlamentarias y presidencial. Desde ya habrá que conocer, sin necesidad de hashtags y trending topics, sino que leyendo la prensa e investigando -¡fíjese qué pereza!- quienes son aquellos que llevan décadas en un municipio, un asiento parlamentario y un puesto de Poder Ejecutivo sin hacer nada más que acumular instantáneas amarillentas de esas flores del desierto.

Una segunda solución es que deje su smartphone a un lado y le diga a su hijo en más de 140 caracteres que nuestro país está pasando por un fuerte catarro y que tanto usted como él están llamados a cuidarlo, sin necesidad de combatir molinos de viento, sin señalar con el dedo a nadie y evitando, por ejemplo, pasar todo gasto personal por gasto de la empresa o disfrutar de suculentas vacaciones con pasajes comprados a bajísimo precio por un error en el sistema informático de la compañía aérea.

La colusión más peligrosa es aquella que hacemos con nosotros mismos, generalmente llamada hipocresía.

*El autor es académico Universidad de los Andes – (@albertopedro).

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