Jacqueline Balbontín

Opinión

Desafíos pendientes en la igualdad de género

PULSO 12/03/2018

*Por Jacqueline Balbontín. El llamado es que sigamos con este compromiso, porque en esto, todos ganamos: mujeres, hombres, familias, empresas, clientes y, principalmente, el país.

La equidad de género en el mundo corporativo sin duda ha evolucionado en los últimos años; sin embargo, la participación femenina, especialmente en cargos de Alta Dirección, aún está por niveles por debajo de lo deseable. Como claro ejemplo, podemos mencionar que sólo un 3% de los cargos de Gerente General son ocupados por mujeres, según el reciente Informe de Mujeres en Alta Dirección 2017 (IMAD), desarrollado por Mujeres Empresarias en conjunto con DESUC.

En pleno siglo XXI, no deja de sorprender que la inclusión y equidad de género aún sean temas pendientes. Cuando ya debiéramos estar centrados en una discusión más profunda sobre diversidad de talentos, eficiencia, productividad, digitalización, flexibilidad laboral-, entre tantos otros temas que impactan las organizaciones en estos tiempos -, aún tenemos el desafío de solucionar aspectos tan esenciales como, por ejemplo, la brecha salarial, la que según el primer informe del Índice de Paridad de Género, elaborado por Comunidad Mujer y la Comisión Nacional de Productividad (CNP), alcanza cerca de un 20% a desmedro de las mujeres. .

Para empezar a generar un cambio en la sociedad, es fundamental que las compañías impulsen políticas internas e iniciativas que no sólo fomenten la incorporación de la mujer al mundo laboral, sino potencien su desarrollo profesional. A modo de ejemplo, en Scotiabank Chile tenemos acciones dirigidas a nuestras profesionales mujeres para que asuman cargos de mayor responsabilidad, como por ejemplo, programas de capacitación en liderazgo, networking, y los paneles mixtos de evaluación; éste último, consiste en procesos de selección donde quienes desarrollan las entrevistas son hombres y mujeres con una pauta de entrevista igual para todos los candidatos y candidatas lo que nos permite garantizar una selección objetiva y con paridad.

Otro aspecto fundamental para fomentar una mayor equidad de género son los programas de flexibilidad laboral pero que se implementen con un enfoque de Corresponsabilidad. La semana pasada participé como panelista en el “IV Foro Global de Empresas por la Igualdad de Género: El Futuro del Trabajo en la Agenda 2030”, el que fue organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, y donde estuvieron presentes delegaciones de distintos países. El panel trataba justamente sobre cómo los programas de flexibilidad favorecen una mejor equidad de género. En esta oportunidad, pudimos reflexionar que sólo lograremos el pleno y efectivo desarrollo de las mujeres en el mundo corporativo, si las iniciativas de flexibilidad laboral apuntan a una mayor corresponsabilidad entre hombres y mujeres en las tareas del ámbito familiar – las que, histórica y culturalmente, siempre han sido atribuidas al género femenino. Esta instancia, además, nos permitió compartir visiones a nivel global, que nos ayudarán buscar las mejores prácticas para enriquecer la igualdad de género y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2030.

Hay que reconocer que muchas compañías están implementando políticas en este sentido, porque reconocen los beneficios de una mayor incorporación de la mujer: mejora en los procesos de innovación y toma de decisiones; clima laboral, y mejores indicadores en cuanto al compromiso de empleados y clientes, lo que conduce a un aumento en el rendimiento y en los resultados comerciales.

Sin embargo, tan o más importante que los beneficios comerciales que trae la equidad de género, tenemos la convicción que perseguirla constantemente es un imperativo ético que habla de cómo queremos ser como organización, qué valores compartimos y qué rol queremos tener en la sociedad – un rol que va más allá de ofrecer productos y servicios de calidad y que busca ser un real aporte al desarrollo económico y social del país.

Sabemos que cada buena práctica en equidad de género que hace una empresa, especialmente de gran tamaño, puede llegar a impactar a miles de personas. Es por ello que el llamado es que sigamos con este compromiso, porque en esto, todos ganamos: mujeres, hombres, familias, empresas, clientes y, principalmente, el país.

*La autora es vp de Recursos Humanos y Asuntos Corporativos Scotiabank Chile