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Opinión

Dar la vida por un sueño

PULSO 26/05/2016

Por Gonzalo de la Carrera Correa. Los ideólogos de la izquierda encontraron en la "igualdad" la llave maestra para asesinar nuestros sueños con un modelo fracasado.

Felipe Cubillos, Enzo Fantinati y Eduardo Lara dieron sus vidas por un sueño. Las historias de cada uno de ellos difieren. No eran “iguales”, ni aspiraron jamás a serlo. Sin embargo, cada uno logró convertirse en un gran ejemplo para todos los chilenos. Ellos confiaban en sus capacidades, no buscaron el camino fácil y no conjugaron jamás el verbo rendirse.

En el mes de las glorias navales cómo no recordar lo que Felipe Cubillos, valioso abogado y marino, hizo en favor de millones de chilenos a los cuales les tendió una mano generosa compartiendo su sueño de levantar a Chile post terremoto. Sueño que le costó la vida en la tragedia aérea de Juan Fernández.

Enzo Fantinati falleció a los 81 años en un lamentable accidente de tránsito. Su pasión era la bicicleta. Para él no había límites posibles cuando la determinación estaba de por medio. Su último sueño fue superar el récord del mundo. A los 80 años logró recorrer 38,8 kilómetros en 60 minutos de pedaleo, superando con largueza la marca anterior para su categoría. Su bicicleta solo se detuvo al momento de morir.

Solía ocupar una camiseta estampada que decía “Bike all day, party all night”. Sin lugar a dudas esa camiseta era una humorada con mucho significado. Tiene que ver con una actitud frente a la vida. Nos consta que la primera parte de la frase representaba su pasión y la segunda su humor.

Eduardo Lara trabajaba como guardia a la edad de 70 años. Era un hombre que por su condición humilde y trabajadora representa a millones de compatriotas. Perdió la vida como consecuencia de una bomba molotov lanzada por un asesino “encapuchado”. Según relató su hijo el sueño de su padre era “trabajar porque no le gustaba que le regalaran las cosas”. Paradójicamente lo mataron aquellos que quieren que todo sea gratis.

Hay muchas formas de morir. Una de ellas es persiguiendo un sueño y otra es morir sin tenerlo. La primera es heroica, épica y trascendente. La segunda es lamentable, sobre todo si ese sueño no existía o te lo robaron.

Hace algunos años el sueño colectivo era salir del subdesarrollo, crear riqueza, mejorar la mala distribución del ingreso, avanzar en la sociedad del conocimiento, aumentar la cobertura y la calidad en educación y salud, convertirnos en un país de oportunidades, generar pleno empleo, y trabajar duro para ofrecer a nuestros hijos un país donde desarrollar todas sus potencialidades y ejercer a plenitud sus libertades.

Hay muchas maneras de matar. ¡Una de ellas es matar nuestros sueños!

Los ideólogos de la izquierda encontraron en la “igualdad” la llave maestra para asesinar nuestros sueños. Siguiendo un modelo fracasado en los hechos, pero que funciona muy bien en términos comunicacionales, lograron envenenar el alma de Chile recurriendo a los pecados capitales: envidia, avaricia, soberbia, ira, lujuria, gula y pereza.

La izquierda logró asignar tanto a la centro-derecha como a los empresarios la autoría sobre tales pecados. Y la ciudadanía se lo compró. Mediante la promesa de la “igualdad” y el clamor de una supuesta superioridad moral, logró generar las desconfianzas necesarias y provocar una montaña enorme de resentimientos para hacerse del poder.

Hoy todos somos sindicados como cómplices o culpables de haber cometido alguno de estos pecados. Por lo tanto será muy difícil para el país salir de este enredo en que nos metió la izquierda. Ella misma comete a diario los mismos pecados que le enrostra al resto, mientras tanto la opinión pública que vocifera en redes sociales también tiene el mismo tejado de vidrio. Así nadie confía en nada ni en nadie.

Para volver a soñar necesitamos proponernos metas más nobles y más grandes que simplemente aspirar a ser “iguales”. Supongo que podemos convenir que lo que nos une de verdad es que todos queremos ser felices. Entonces, ¿por qué no volver a buscar esa felicidad en nuestras casas, en nuestras familias, con nuestros vecinos y en nuestros trabajos?

Pareciera ser mucho más estimulante volver a soñar que seguir creyendo que nos merecemos ser iguales. Tenemos que fijarnos metas altas y trascendentes. Pongámonos nuevamente de pie y olvidémonos de los atajos que nos ofrece la falaz promesa de la “igualdad”.

Trabajemos juntos para realizar tareas que hoy parecen imposibles. Volvamos a confiar en nuestros niños, en el mérito, en el esfuerzo diario, en la creatividad de nuestros empresarios, en el trabajo, en las instituciones, en la diversidad y en el crecimiento como fuente de prosperidad.

Al igual que en el caso de Felipe Cubillos, los chilenos no sabemos si don Enzo Fantinati o don Eduardo Lara eran de izquierda o de derecha. Y no importa. Lo único que sabemos es que ellos tenían sueños, los transmitían con pasión y luchaban a diario por lograrlos. ¿Por qué no les preguntamos a nuestros hijos, amigos, vecinos y colegas con qué sueñan y ponemos nuestro mejor empeño en ayudarlos a cumplirlos?

Así todos los chilenos podremos volver a soñar y a luchar para vivir una vida plena que nos permita a nuestra medida adherir a la filosofía que nos legó don Enzo: “Bike all day, party all night”.

*El autor es ingeniero comercial UC (@carreragonzalo).