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Opinión

Crecimiento económico y gobernabilidad en Chile

PULSO 10/11/2017

Por Osvaldo Rosales. Subrayamos la necesidad de la diversificación exportadora y productiva, clave además en todas las experiencias exitosas en saltar la “trampa de los ingresos medios”. No les crea a quienes ofrecen llegar al desarrollo fijándose sólo en el ingreso per cápita.

El crecimiento económico es condición necesaria para el desarrollo del país, qué duda cabe. Sin embargo, no es condición suficiente para asegurar el progreso y la gobernabilidad futura de Chile. Debe ir acompañado de políticas sociales más robustas y de redes de protección que permitan apoyar a grupos vulnerables y sectores medios cuando la vida los coloca en circunstancias difíciles, justo el momento en que el mercado los ignora.

Para lograr una buena pensión, requieres haber tenido una trayectoria laboral estable y con buenos ingresos. Para escapar de la pobreza o la vulnerabilidad, tienes que haber accedido a educación de calidad. Y para eso tendrías que haber nacido en un hogar con elevado capital social. ¿Cuántos chilenos y chilenas han contado con estas condiciones?

Aunque Chile en democracia ha crecido y mucho, reduciendo drásticamente la pobreza, mejorando la calidad de vida de las mayorías y expandiendo las clases medias, no debemos subestimar el hecho de que la desigualdad sigue siendo muy elevada. No podemos obviar que el 30% de los ingresos es capturado por el 1% más rico; que el ingreso laboral promedio es de $517 mil, pero el 50% de los trabajadores recibe menos de $350 mil y el 80% menos de $650 mil. Mientras tanto, la deuda morosa promedio es de $1.450.000. La pensión de vejez por edad promedio que entregan las AFP en modalidad de retiro programado es de $126 mil y el 90% recibe menos de $160 mil.

En la otra vereda, el 1% más rico, 120 mil personas, tiene una mediana de ingresos de $8,1 millones mensuales y el 0,1% más rico, 12 mil personas, una mediana de $48 millones mensuales.

Carlos Peña tiene razón cuando dice que el dinero puede comprar muchas cosas. Cuando dicha compra está financiada con deuda, la que se debe servir con bajos ingresos y con una relación deuda/ingreso que no es sustentable, es claro que el futuro camino al mall puede enfrentar severas dificultades. La modernidad, la individuación y la expansión de las clases medias son frágiles cuando reposan sobre bases de barro.

Por eso es necesario retomar mayores tasas de crecimiento. Se nos machaca la idea de que con Piñera se creció al 5,3% anual y es cierto. Pero lo que no se dice es que ello aconteció cuando la economía mundial se recuperó de la crisis subprime, gracias a masivos paquetes fiscales y monetarios, con tasa de interés real negativa, que acordó el G20 para evitar la reedición de la Gran Crisis del 29. El vigoroso crecimiento de China empinó al alza el precio del cobre y de todos los commodities, generando lo que para nosotros fue el súper-ciclo del cobre. Tampoco se dice que, gracias a ese favorable entorno internacional, todas las economías exportadoras de commodities crecieron con fuerza. En el lapso 2010-2013, más que Chile, crecieron Panamá, Paraguay, Perú, Ecuador e incluso Bolivia, en una décima más.

Por lo mismo, cuando el ciclo del cobre empezó a declinar, Piñera entregó su Gobierno creciendo sólo a 2,7% en sus dos últimos trimestres. Ello también se reflejó en el deterioro de la situación fiscal que empezó en 2011.

El mensaje es claro: necesitamos nuevos motores de crecimiento, como lo viene señalando hace algún tiempo J. Marshall. Necesitamos diversificar nuestra matriz exportadora y por eso es que ponemos tanto énfasis en aprovechar las oportunidades que nos presentan la industria de la energía solar, la industria del litio y la del “cobre verde”. Tenemos que fortalecer al sector de alimentos, que ya representa el 27% de nuestras exportaciones; al turismo de intereses especiales, que puede dar un gran impulso a pymes; a los servicios globales y a la “economía naranja”, que puede abrir oportunidades de emprendimiento a nuestros jóvenes creativos.

En nuestro programa, esa diversificación va ligada a la descentralización y a un macizo programa de inversiones en infraestructura, vía concesiones, que nos permita mejorar la conectividad con Argentina y construir el mega-puerto de la zona central. También a la construcción de una red de fibra óptica resiliente, de alta velocidad y capilaridad que nos permita digitalizar el Estado, las escuelas, centros de salud, municipios y pymes. A ello se agrega un importante esfuerzo por elevar el gasto en I+D+i+e que nos permita incorporar más conocimiento y tecnología a nuestra producción. Queremos desatar el emprendimiento en todos estos ámbitos, apoyados en una alianza público-privada de largo plazo, fortaleciendo el diálogo tripartito en el Consejo Superior Laboral.

Esa es la base para avanzar en productividad y, por esa vía, en crear más y mejores empleos, con salarios más elevados. Quienes ofrecen más de lo mismo, sólo podrán crecer más cuando el precio del cobre lo permita, devolviéndonos a la medianía cuando ello no acontece.

Por eso subrayamos la necesidad de la diversificación exportadora y productiva, clave además en todas las experiencias exitosas en saltar la “trampa de los ingresos medios” y transitar al desarrollo. No les crea a quienes le ofrecen llegar al desarrollo, fijándose sólo en el ingreso per cápita. Créale mejor a Nicanor Parra cuando nos recuerda que si Juan tiene un pan y Pedro ninguno, la estadística acierta cuando nos explica que, en promedio, cada uno de ellos tiene un pan.

Desde la candidatura de Alejandro Guillier, ponemos el foco de nuestro futuro gobierno en la trilogía crecimiento-empleo-protección social, así como en la interacción diversificación productiva-descentralización-digitalización, y derechos sociales, interacción que está en la base de nuestra propuesta para fortalecer la democracia.

*El autor es coordinador programático de la candidatura presidencial de Alejandro Guillier.